28 de agosto 2003 - 00:00
Ortega: "Okupas tuvo éxito y ahora todos nos imitan"
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Sebastián Ortega
de amor» para 2004), del jefe, Marcelo Tinelli, su rival, Mario Pergolini, y las reminiscencias de la familia Ortega/Salazar en las ficciones de «Ideas del Sur».
Periodista: Definitivamente se puso de moda la producción de programas sobre pobres y hospitales.
Sebastián Ortega: Fuimos los pioneros en hacerlo con «Okupas» pero siguen siendo las historias que tenemos ganas de contar, ya sea con «Ser urbano» o con las ficciones. Ayer veía «Puntodoc» y encontré similitudes, el programa está yendo para el mismo lado que «Ser urbano», veía a los periodistas de «Puntodoc» en la villa tomando sopa con los pobres y me causaba un poco de gracia. Sobre todo viniendo de Pergolini, que se dedicó a querer diferenciarse de los demás y ahora siento que está siguiendo la línea de lo que está haciendo Tinelli. Hay que hablar menos.
P.: Ya que lo menciona, ¿a qué apunta la modalidad de que los conductores tomen mate o coman tallarines con los entrevistados?
P.: ¿Siempre vieron desde afuera las historias marginales?
S.O.: No. Hay una rama de mi familia, la de mi padre, que viene de ese mundo, de la marginalidad, de tener que trabajar para comer antes de cumplir 10 años y de vivir una realidad más cruda. Quizá sea una necesidad, algo que es parte de mi propia historia. Cuando era chico veía siempre en la televisión esas escaleras en caracol que no existían en ninguna casa y que sólo podía generarlas Sonotex. Me parecía muy bizarro porque cuando salía del country e iba a la carnicería veía gente pidiendo plata y me daba cuenta de que la mayoría estaba así. Me preguntaba por qué nadie contaría esas historias. Quizá de ahí venga el tema de «Tumberos» o «Disputas».
P.: Guionistas como Alberto Migré los han criticado con «Disputas» porque creen que no hay historias sino más bien postales sobre la marginalidad y el sexo. ¿Qué opina?
S.O.: Hay muchas formas de contar una historia, y eso a Migré le cuesta enderlo. Son formas de evolucionar y narrar del modo que uno siente. No hay mandamientos que digan cómo hacer un programa de televisión. Lo nuestro es una forma de romper con una televisión muy chata y que los actores sientan que hay gente que quiere hacer cosas distintas.Yo no podía creer que Alejandro Urdapilleta o Fernando Peña no hicieran televisión, y era porque no les gustaba lo que veían.
P.: ¿Nunca se quejaron en Telefé por lo subido de tono de la serie?
S.O.: Nunca recibí un llamado de Claudio Villarruel para pedirme que cambiáramos nada. Es más, fue al revés: Tinelli dijo «no metamos nada de sexo en los primeros tres capítulos para demostrar que podemos tener rating sin sexo». Y no apareció ni una teta, las escenas las jugábamos por otro lado.
P.: Volviendo a Pergolini, ¿cómo toman sus reiteradas críticas?
S.O.: Cada uno tiene que vivir y dejar vivir. Con los ídolos en Argentina hay una cuestión muy destructiva, de querer verlos triunfar y después querer verlos hechos bolsa. Tinelli después de 13 años, con el mismo formato, lo ponga a la hora que sea, sigue siendo el número uno. Es indiscutible. Eso provoca muchísima envidia y algunos competidores, si no hubiese existido un Tinelli, hoy seguirían trabajando en la radio.


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