27 de marzo 2007 - 00:00
Oscar Niemeyer celebra sus 100 años en plena actividad
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En medio de agasajos, distinciones y muestras con bocetos y maquetas de sus obras más
famosas, al cumplirse este año el centenario de su nacimiento, el gran arquitecto brasileño
Oscar Niemeyer continúa trabajando.
Niemeyer se alejó, entonces, del funcionalismo ortodoxo y utilizó un lenguaje de formas nuevas con superficies curvas.
Junto a sus amigos Helio Ucho y Afonso Reidy, Niemeyer abrió su primer estudio en Porto Alegre, en 1940. La Organización de las Naciones Unidas lo invitó a participar en la comisión de arquitectos dirigido por Wallace Harrison, encargada de definir los planos de su futura sede en Nueva York. Estando en esa ciudad, recibió la noticia de que el gobierno brasileño -con el pretexto de «defensa nacional»- había cancelado, por motivos políticos, su contrato para el Centro Técnico de Aeronáutica de San José de los Campos, en San Pablo, obtenido por concurso.
En 1954, durante su primer viaje a Europa, recorrió distintos países y, en ese mismo año, fundó la revista «Módulo», cuyo primer número se publicó en marzo de 1955. Cuando Juscelino Kubitschek, electo presidente en 1956, planeó construir la nueva capital de Brasil, Niemeyer aceptó colaborar para concebir los predios gubernamentales, pero rechazó elaborar un plan piloto. Se convocó un concurso y ganó el proyecto de Lucio Costa. Niemeyer, que había iniciado los primeros diseños para Brasilia en las oficinas de Novacap, en RIo, fue nombrado en 1958, arquitecto jefe de la nueva capital.
En agosto estableció su estudio en Brasilia, donde permaneció tres años, acompañando la realización de las obras. En abril de 1961 se inauguró oficialmente Brasilia y luego regresó a RIo para retomar su actividad profesional. Durante otro viaje, de paso por Lisboa, se enteró del golpe de Estado ocurrido el 31 de marzo de 1964, que derrocó a Joao Goulart e instaló el régimen militar de Castelo Branco. Durante seis meses se estableció en Tel Aviv donde desarrolló un gran número de proyectos, entre ellos, un hotel, barrios residenciales, la Universidad de Haifa, y una ciudad vertical en el desierto del Negev.
También diseñó una Universidad en Acra, Ghana. De regreso a Brasil, la policía militar suspendió la publicación de «Módulo», la revista de arquitectura que dirigía su hija. En 1965, la situación política empeoró: los partidos fueron prohibidos y se multiplicaron las privaciones de los derechos civiles. La represión del nuevo régimen utilizó métodos policiales, desde la censura hasta la tortura. Con gran decepción, emprendió obras fuera de Brasil.
En Argelia, preparó el proyecto para la Universidad Constantine. Por su parte, Giorgio Mondadori le encomendó la construcción de su nueva sede editorial, en Milán. Cuando en 1972, abrió un estudio en París, desarrolló un gran número de obras entre las que se destacan la Bolsa de Trabajo de Bobigny y el Centro Cultural de Le Havre. Por pedido de Leonel Brizola, gobernador del Estado de RIo de Janeiro, y de Darcy Ribeiro, vicegobernador, proyectó la Pasarela del Sambódromo, para los famosos carnavales de RIo, en 1983. En 1987, proyectó la sede del Diario L Humanité en Saint Denis, París.
También diseñó el Memorial de América Latina, cuyo conjunto ocupa un área de veinte mil metros cuadrados. El gran conjunto cívico une por medio de una pasarela sus ocho edificios principales, y su director por años fue el crítico y ex Ministro de Cultura paulista, Fabio de Magalhaes, recientemente galardonado en Buenos Aires con el Premio Ventanas al Futuro (Klaukol).
Algunos diseños de la última década son el ya citado Museo de Arte Contemporáneo de Niterói, en la entrada de la Bahía de Guanabara; el Monumento Eldorado (1996), encargado por el Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra; y una Torre observatorio, con hotel y restaurante en Brighton (1998), Inglaterra. El libro «Oscar Niemeyer» publicado por la Caixa de Barcelona recibió el Premio de la Crítica en la X Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires.




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