5 de marzo 2001 - 00:00
Otero: "El musical exige como ningún género"
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Marisol Otero.
Marisol Otero: Yo empecé, a los 15 años, cantando en el Coro Polifónico de La Matanza, con el que hice giras por Estados Unidos y Canadá. También actué como solista en el Colón, el San Martín y el Centro Cultural Recoleta. Yo no tenía mucha relación con el género musical hasta que conocí el «Drácula» de Pepito Cibrián. Incluso grabé los coros de la obra, pero nunca me presenté al casting. Soy fanática de la comedia musical. Habré visto «Drácula» unas sesenta veces. Me sabía la letra de todos los personajes y los cantaba frente al espejo, sólo tenía 16 años. Por eso para mí fue muy fuerte trabajar después con Juan Rodó en «La bella y la bestia».
P.: ¿Su primer casting fue para ese musical?
M.O.: No. Antes me presenté en «Nine» y cuando pasé la primera prueba llamé a toda mi familia para darle la gran noticia. Pero cuando volví al teatro, me enteré de que tenía que dar otra prueba más. Era muy tontita en ese entonces, no imaginé que habría una segunda prueba. La de canto la pasé, pero la siguiente no, creo que por no dar el physique du role o algo así. Fue una gran desilución, pero enseguida me presente a las audiciones de "La Bella y la Bestia". Iba con mucho miedo y sólo aspiraba a obtener un papel como pueblo, pero al final quedé de protagonista. Después de eso, hice un musical para chicos sobre la vida de Sissi, la emperatriz de Austria.
P.: ¿Hicieron un popurrí de la obra?
M.O.: No, la obra se hizo completa con la protagonista norteamericana. Nosotras la reemplazábamos en algunas escenas cantando en nuestra lengua original. Fue muy emotivo.
M.O.: Sí, ahora me preparo constantemente. Nunca dejo de estudiar canto, cuando puedo tomo clases de baile y en abril empiezo un taller de actuación. Mi personaje en «Grease», Sandy, tiene poco de danza, es más de canto y actuación. Sobre todo de actuación diría yo. Se trata de una chica muy inocente, pero algo manipuladora, de esas que saben que llorando logran que su papá les dé un chupetín. Ella tiene muchos prejuicios, sobre todo contra Rizzo (Florencia Peña), que es su antítesis: una chica rea que anda con muchos hombres, una «trola», hablando mal y pronto. Pero Sandy crece y madura a lo largo de la obra, es un personaje muy rico.
P.: ¿Vio la película con John Travolta y Olivia Newton John?
M.O.: No me pidieron que la vea, pero lo hice porque quise investigar todo lo que fuera posible. En realidad me sirvió mucho más ver películas de esa época. Yo me inspiré en Doris Day, en esa onda medio naïf. « Grease» es muy divertida por su humor inocente. A la gente le causa gracia ver que los problemas de los protagonistas hoy nos resultan una pavada. En esa época no había televisión y no eran muchos los que tenían tocadiscos.
P.: ¿La llamaron o fue usted quien se acercó a la producción?
M.O.: Cuando me enteré, me presenté al casting y ellos, por su parte, llamaron a mi representante. También me llamaron de la producción de Romay para hacer «Fiebre del sábado por la noche», pero como ya había quedado en « Grease», no pude aceptar.
P.: ¿No intentó con «Chicago»?
M.O.: ¡Ni loca! Ahí son todos bailarines. Yo soy una cantante que actúa y baila un poco, pero no soy bailarina.
P.: ¿Es muy difícil salir seleccionado en un casting?
M.O.: Hasta hace poco no había demasiadas oportunidades para presentarse. En Buenos Aires hay gente muy preparada y talentosa, pero muy pocos papeles para todos. Eso hace que sea muy difícil quedar en un papel.
P.: También debe haber mucha competencia dentro del elenco...
M.O.: Yo siempre tuve muy buenas experiencias, pero muchos de mis compañeros dicen estar sorprendidos con lo bien que nos llevamos. Cada tanto comentan: «No es como en otras producciones. En tal o tal obra...». Competencia siempre hay, porque ya cuando una va al casting compite, hay que ser la mejor. A veces, en algunos castings se perciben ciertas actitudes de «uy, mirá quién vino». Pero yo no voy a pisar cabezas, sino a mostrar lo que sé hacer. Acá por suerte se nos ve amigos afuera y adentro de la escena. Somos de ir a comer todos juntos, y eso se refleja en nuestra conexión en el escenario. No hay que fingir.




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