12 de octubre 2004 - 00:00

Otorgan premio a Jacques Bedel

En la tercera edición delCertamen Iberoamericano de Pintura Aerolíneas Argentinas 2004, Jacques Bedel fue distinguido con el Gran Premio por su obra «Aproximación a la maldad». Diez mil dólares y el mayor premio del año. El trabajo, que representa una nube que fagocita a otra, continúa su serie de propuestas vinculadas al espacio y al infinito. Incorpora elementos no deseados que anidan hoy en el mundo de este siglo: enfermedades, pobreza y guerras, junto a increíbles adelantos y creaciones.

La propuesta está relacionada con su presentación en la Bienal de Venecia, la serie «Apocalipsis» que coincidía con el fin del milenio. Ese nombre, que en griego quiere decir revelación, está tomado del texto Bíblico: la pintura aparece y reaparece según el ángulo desde donde se mire la tela. Refracta y polariza la luz al utilizar minerales especiales que reemplazan el material tradicional, y son utilizados en los espejos de los telescopios (con un sistema de alto vacío).

Bedel
comenzó generando proyecciones múltiples de sombras en De estas búsquedas fue testimonio su primer exposición en la galería Pizarro, en 1967. Becado por el Gobierno de Francia (Premio Braque), viajó a París, donde empezó a investigar con espejos planos y acrílicos para obtener imágenes superpuestas multiplicadas; fue, de algún modo, el mismo camino de las sombras anteriores, aunque prescindiendo de la corriente eléctrica. El espejo, al reflejar su entorno, capta y transmite el movimiento.

Bedel
, embarcado en el arte cinético, omitió en sus obras los motores y los artefactos. Colaborador del Groupe d'Art Constructif el Mouvement, utilizó en sus propuestas espejos parabólicos para lograr un mayor campo de reflexión. Se alejó de las obras planas y desarrolló esferas dentro de cuerpos geométricos. Luego se trasladó al terreno de la escultura, cuando, en sus investigaciones sobre la reflexión de imágenes, utilizó el acero inoxidable pulido. Esto le permitió trabajos de mayor tamaño, sin el riesgo de la rotura de los espejos. Desde comienzos de los '90, cuando inició su serie de «Rollos», realizados en plomo, viene recobrando el logos divino escrito por los hombres. En estas creaciones de Bedel, como en las anteriores, no hay misticismo ni fin teológico, sino interés en la interminable empresa del ser humano por saber de sí y de su destino, independiente de las creencias religiosas.

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