“Pareciera que, en el fondo, una novela sobre la Argentina no tiene otra opción de ser un diálogo interminable entre un peronista y un gorila”, sostiene Pablo Maurette, que con su sorprendente novela “El contrabando ejemplar” (Anagrama), que en un puzle histórico que fusiona erudición con una narración atrapante, conquistó el prestigioso Premio Herralde de Novela.
Pablo Maurette, ganador del Premio Herralde: "Partí de la idea de la imposibilidad de escribir una gran novela de la Argentina"
"El contrabando salvó a Buenos Aires: no hay nadie que pueda quedar indemne en una sociedad así", explica el escritor respecto al tema de su obra "El contrabando ejemplar". Profesor universitario y residente en Italia, visitó el país y dialogó con Ámbito.
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Pablo Maurette, ganador del Premio Herralde con "El contrabando ejemplar".
Maurette, argentino que reside con su mujer en Italia -en las afueras de Florencia-, es profesor de Literatura Comparada en Florida State University. Destacado novelista, cuentista y ensayista (“La migración”, “La Niña de Oro”, “El sentido olvidado”), visitó su patria para presentar su premiada novela y nos reunimos a conversar con él.
Periodista: ¿Intentó con “El contrabando ejemplar” -tomando en cuenta lo hecho por Marechal, Sábato, Onetti, Viñas, Saer- entrar en la tradición de la gran novela de la Argentina?
Pablo Maurette: No, no lo intenté, pero gran parte de la novela está animada por la idea de la imposibilidad de escribir una gran novela de la Argentina. Los narradores principales, Eduardo de la Puente, y su joven amigo Pablo, se proponen escribir la gran novela nacional. Uno escribirla. El otro, al conocerla, robarla, plagiarla. Ambos se dan cuenta, cada uno a su manera, que es imposible. El tema de la gran novela argentina es tan imposible como el de la gran novela norteamericana, aunque los estadounidenses no dudan de que tienen en “Moby-Dick” a su gran novela. Aunque sostienen que la siguen buscando. Bueno, Colombia tiene “Cien años de soledad”, México “Pedro Páramo”. Eso de la gran novela nacional de cada país es un berretín un poco anticuado. En mi novela dos aspirantes a escritor se lo proponen y no lo logran. En el fondo es la imposibilidad de escribirla.
P: ¿Buscó que el diálogo entre dos autobiografías sirviera para hacer surgir un universo coral, histórico o íntimo, que hablara del ser argentino?
P.M.: Eduardo, Edu, el mentor, el maestro, le habla a Pablo de su proyecto novelístico. Es una especie de Scheherezade de Pablo. Le cuenta cuentos y los cuentos que a él le han contado. Todos los personajes son narradores que cuentan cuentos, que hacen digresiones que son narraciones por lo general inconclusas. Todo termina como el país en puntos suspensivos. Hay una carrera de postas de los narradores que llevan del presente al siglo XVII, para volver a los años sesenta o los cincuenta, y regresar a los orígenes para luego andar por un Buenos Aires de los años de la pandemia.
P.: ¿ ”Cuándo se jodió nuestro país”, la pregunta Vargas Llosa en su obra cumbre, “Conversación en la catedral”, fue su punto de partida?
P.M.: Un artista plástico me contó que había propuesto hacer un monumento al contrabandista desconocido. Esa es la base histórica de la novela imposible “El contrabando ejemplar”. Buenos Aires la mitad de su vida como ciudad fue un puerto cerrado que se vio obligado a contrabandear para subsistir. El contrabando salvó a la ciudad, la hizo crecer, y generó un orden de los beneficiados. En la novela todos son contrabandistas. Contrabandean materiales, personas, cuentos, historias, ideas. No quiero exaltar el delito, pero según la novela no hay nadie que pueda quedar indemne en una sociedad así.
P.: El delito aceptado como fórmula mercantil financiera llega hasta el presente…
P.M.: El resultado de siglos de corrupción sistémica, “ejemplar”, total, inevitable, hace a lo que Carlos Nino llama “un país al margen de la ley”. Todos los personajes de la novela viven en la periferia de la ley, en la no ley, hacen lo que pueden…
P.: El enfrentamiento entre el peronista Eduardo y el gorila Pablo, le sirve para mostrar que la grieta viene del fondo de nuestra historia…
P.M.: En el siglo XVII ya existía entre Beneméritos y Confederados. Para Eduardo, esa grieta –palabra que no me es familiar porque me fui de la Argentina antes de que surgiera ese concepto- que divide peronismo y gorilismo, tiene como antecedentes unitarios y federales y se remonta a Beneméritos y Confederados. Para él dos fuerzas antagónicas, una nacionalista y otra extranjerizante, tiraniza hasta hoy la política nacional. En su novela busca mostrar que hay una continuidad entre las facciones, que van cambiando de nombre, pero en el fondo son lo mismo. Eso me sirvió como recurso narrativo como, entre otras cosas, la conversación interminable entre Pablo que sostiene que todo se jodió cuando Perón asume el gobierno, y Eduardo que sostiene que fue cuando tomó el poder la Revolución Libertadora. Una novela sobre la Argentina pareciera que no tuviera otra opción que ser una conversación entre un peronista y un gorila que en el fondo se respetan. Cuando escribía me inspiré en los diálogos anónimos medievales entre un cristiano, un musulmán y un judío, en que cada uno expone su manera de ver el mundo.
P.: Así como el contrabando estableció el camino al reiterado fracaso, usted suma la maldición querandí al país por el monstruo tricéfalo nacido de una aborigen y un español…
P.M.: Eduardo suma a lo que jodió al país lo monstruoso, lo siniestro, en la tradición de los cuentos folklóricos.
P.: ¿Cómo organizó un relato que se desliza de forma tan arborescente como atrapante, una suma que parece arbitraria y termina señalando claves de la identidad de argentinos?
P.M.: Son los lujos que se puede dar un escritor de ficción: hacer todo lo que quiera con su obra. Claro que de una manera que funcione, que sea verosímil, que invite al lector a entrar y seguir. La novela es el género de nuestro tiempo y tiene lugar para todo. Para monstruos, para la historia, para la ciencia, para la filosofía, la fantasía. No hay nada que no tenga lugar en la novela. Eso desde siempre. En “La guerra y la paz” hay largos pasajes de sociología, de historiografía. Cervantes ni qué hablar, tiene largas digresiones, cuentos dentro de cuentos. Es el género total, como en la antigüedad lo fue el poema épico. En “El contrabando ejemplar” no me interesó reproducir de forma fidedigna el siglo XVII en el Río de la Plata, ni resolver la cuestión de si se jodió la Argentina y cuándo se jodió la Argentina, sino mostrar la obsesión los personajes con esos temas.
P.: ¿Buscó que la novela tuviera un final metafórico, sentimental, conmovedor, polémico, conjetural, en un lugar simbólicamente central?
P.M.: “El contrabando ejemplar” termina en Plaza de Mayo en una especie de ceremonia. La política, la historia, la teratología, los vínculos personales, familiares, sociales, todos los ingredientes de esta novela, que entraron a formar parte como elementos narrativos, acaso den sentido a esas páginas finales, y a aquello que dejan abierto.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora, dado que su novela termina con “así podría comenzar un policial”?
P.M.: Y estoy en eso, tengo ganas de escribir otro policial como “La niña de oro”, con Silvia Rey, personaje con el que me encariñé.
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