14 de abril 2003 - 00:00

"Perras" trata con humor serios conflictos humanos

Perras trata con humor serios conflictos humanos
«Perras». Creación colectiva de E. Federman, M. Kartun, C. Martínez Bel y N. Caniglia. Dir.: E. Federman. Int.: N. Caniglia, C. Martínez Bel. dis. de luces: J. Merzari. (Teatro Belisario).

La acción transcurre en una plaza, donde dos hombres pasean a sus mascotas, Yanina y Colita, con las que se identifican de una manera tan compleja e intensa que resulta perturbadora. El dueño de Yanina ( Néstor Caniglia) es un especialista en la crianza de perros y le dedica a su setter -de excelente pedigrí- una atención rayana en el enamoramiento. En cambio, el dueño de Colita ( Claudio Martínez Bel) mantiene con ella una relación mucho más inestable, basada en el auto-ritarismo y el juego sádico.

Ver a estos dos magníficos comediantes trabajando en un escenario desnudo y sin ningún tipo de utilería es algo que no deja de sorprender. Gracias a sus variados recursos expresivos, ambos logran que el público pueda ver en escena a esos dos animales revoltosos que se someten al llamado de sus dueños. Los primeros tramos de la obra acercan una caricatura amable en torno a los curiosos vínculos que los seres humanos suelen entablar con sus mascotas. La charla entre estos dos hombres de barrio da pie a un intercambio de datos sobre veterinarios y destrezas caninas. Entre medio se van infiltrando, casi imperceptible-mente, una serie de anécdotas y comentarios que dan cuenta de la terribles carencias de estos dos seres solitarios. Por momentos, se hace muy difícil distinguir a quién se dirigen o de qué vínculo están hablando; ya que en el trato que le dispensan a sus animales aparece, de tanto en tanto, la imagen del hijo, de la mujer maltratada o de la novia que se suicidó.

• Costumbrismo

El humor basado en el apunte costumbrista va dando paso a una densa trama de conflictos psicológicos de alcance universal que ponen al descubierto la propia bestialidad humana, en su enfermiza inclinación hacia la violencia y la destrucción y en su dificultad para establecer vínculos sanos que no respondan a los patrones de dominio y sometimiento.

La ajustada dirección de Enrique Federman evitó los trazos gruesos logrando un perfecto equilibro entre el intenso trabajo físico de sus actores (muy bien coreografiado, por cierto) y los sutiles dobleces de su actuación.

Dejá tu comentario

Te puede interesar