16 de mayo 2005 - 00:00

Perturba experimento teatral en el Malba

Una escena de lasobria versiónlocal de«Reducción»,obra escrita por elestadounidenseChristopherWaizenbach paraser representadaen un baño, y quese estrenó en elbaño de hombresdel Malba.
Una escena de la sobria versión local de «Reducción», obra escrita por el estadounidense Christopher Waizenbach para ser representada en un baño, y que se estrenó en el baño de hombres del Malba.
«Reducción» de C. Weizenbach. Trad. y Adap.: J. Sabaté. Dir.: A. Casavalle. Int.: P. Machado, J. Sabaté, P. Carrasco, F. Margenet y P. Di Salvia. (Museo Malba.)

Entrar en un baño de hombres para ver trabajar a un grupo de actores genera cierta incomodidad, aun tratándose de un lugar tan refinado y abierto a la experimentación como el Museo Malba. El temor de estar invadiendo un terreno prohibido se agrava por la extrema cercanía entre el público y los intérpretes. Aquí no hay butacas, ni artificios técnicos, ni platea a oscuras. Los doce espectadores que asisten a cada función están tan iluminados como los actores y deben soportar sus miradas penetrantes (multiplicadas en los espejos), sus cuerpos en tensión y sus discretas incursiones a los mingitorios.

La especificidad del lugar -y su habitual asociación con actividades non sanctas- convierten a este «baño de hombres» en un personaje más dentro de la acción. Quienes se introducen en él son cinco ambiciosos ejecutivos arrogantes y corruptos que -por una supuesta delación- ven peligrar sus puestos dentro de una importante multinacional en la que han hecho carrera. Tras su fachada de ganadores esconden una absoluta falta de ética y una insoportable carga de prejuicios que sólo sacan a la luz cuando nadie los ve.

«Reducción»
(«Downsize») es una pieza de Christopher Weizenbach (integrante de la Compañía Walkabout de Chicago) escrita para la escena, pero finalmente adaptada para ser exhibida en un auténtico baño público, lo que la convirtió en un extraordinario éxito teatral.

La versión porteña -dirigida por Alejandro Casavalle y cuidadosamente adaptada por Jorge Sabaté a la idiosincrasia argentina- tiene nervio y frescura y cuenta con un elenco impecable y muy en physique du rôle. La puesta de Casavalle nunca roza el mal gusto (el baño es de extrema pulcritud) pero el espectáculo ganaría en eficacia y dinamismo si sus 45 minutos de duración se redujeran a 30, como en la versión original. Cabe señalar que esta pérdida de ritmo se ve compensada por la labor de Pato Machado (en el rol de Archie, el violento líder del grupo). El ritmo de vértigo que le imprime a su explosivo personaje resulta esencial para la puesta, y no cabe duda de que son sus impulsos destructivos los que van enrareciendo el impoluto baño del Malba.

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