11 de mayo 2000 - 00:00

"PLATA QUEMADA"

L uego de sus repetidos chistes homófonos en «CQC», la primera película que produce Cuatro Cabezas es una celebración de dos homosexuales (pero histéricos) que se aman hasta la muerte, y que funcionan como héroes de la historia. Así los define el propio coguionista Marcelo Figueras: «Aun siendo asesinos y drogadictos y ladrones, son héroes, porque advierten qué se espera de ellos y se dan el lujo de dinamitar esas expectativas para ser fieles a su propio deseo».
Lo que se espera de ellos es que cometan un asalto limpio, que respeten el código de los maleantes cuando alguien cae herido, tengan paciencia y se manden guardar todo el tiempo necesario, y en última instancia sepan negociar entre la vida y la plata. Pero, bueno, los muchachos son impulsivos, y medio tocados. Su deseo es apenas hacer su antojo. Y si alguien opina lo contrario, uno de ellos llega a decir «¡Mirá que me pongo psicótico!», frase que suena algo discordante en boca de un tipo bastante bruto allá por el año 1965 en que transcurre la historia, y que podría juntarse con el inmortal anuncio «Me tomo el tren de las tres a Europa», que dice Isabel Sarli en uno de sus films.
Dicho sea de paso, la película incluye un homenaje a su figura esplendorosa, en una escena en un cine montevideano de levantes masculinos, donde están pasando «El true-no entre las hojas». Las otras mujeres que aparecen son Dolores Fonzi, como una chiquilina tonta y sexópata, y Leticia Bredice, como una prostituta rencorosa que lleva el cuento a la policía, luego de hacer con Leo Sbaraglia una escena de pornosoft heterosexual.
Ese momento, pero más aún los variados mimos que se prodiga la dupla homosexual, su actividad como asaltantes y asesinos, y su costumbre de drogarse alegremente a toda hora, sobre todo cada vez que van a cometer alguno de sus crímenes, hicieron que la película fuera calificada, en dos instancias, como sólo apta para mayores de 18 años. Antes de ello, y como indicación para el posible espectador, corresponde decir que el presente es un producto comercial un poco menos crudo que el libro en que se basa, que los intérpretes se juegan debidamente, el casting de los secundarios es muy bueno, con tipos que parecen salidos de una historieta de Solano López, que los fondos sonoros hacen chistes con las escenas del momento (aquello de «Juntitos, juntitos», o «Mis noches sin ti»), o juntan acaso maliciosamente a Edmundo Rivero con Héctor Pacheco, pero falta Julio Sosa, y que al comienzo hay un narrador en off bastante omnipresente, pero en algún momento debe haber caído preso, o lo mató alguna bala perdida, porque desaparece sin saludar. No es algo muy riguroso que digamos.

Dejá tu comentario

Te puede interesar