21 de septiembre 2001 - 00:00

Prenuncia polémica biografia de Brando que él no autorizó

Marlon Brando.
Marlon Brando.
La moda de las biografías no autorizadas, que en los últimos tiempos había perdido atractivo a falta de figuras que interesaran a un gran número de lectores, acaba de conquistar uno de los últimos bastiones. Aparece en Estados Unidos e Inglaterra, publicada por Viking Penguin, la biografía de Marlon Brando, considerado el mejor y más anticonvencional actor del mundo, a los 76 años «una leyenda viviente».

Brando, que está en la bancarrota, a punto de vender su isla en la Polinesia, y vive recluido en su mansión de Mulholand Drive, en Los Angeles, verá develados la próxima semana los secretos de su enigmática existencia. La investigación, que cuenta su vida apoyándose en las películas donde participó, fue realizada por la periodista Patricia Bosworth, que fuera editora en las revistas «McCall» y «Harpers», es comentarista literaria de «The New York Times» y «The Nation», y con anterioridad publicó las biografías del actor Montgomery Clift y del polémico fotógrafo neoyorquino Diane Arbus. Algunos fragmentos de la obra han comenzado a ser adelantados en distintos medios.

«Voy a vivir hasta los 100 años, después voy a clonarme a mí mismo, con todo mi talento y con ninguna de mis neurosis», aparece diciendo el actor, en un fragmento publicado en la revista americana «Premiere».

Si bien los amigos de Brando le dijeron a Patricia Bosworth que el gran actor es «una persona absolutamente normal», la realidad la fue decepcionando. La entrevista que le reclamó tuvo que convertirse en una serie de preguntas que debía enviarle por fax, porque el actor de «Un tranvía llamado deseo» y «El padrino» no hablaría con ella ni personalmente ni por teléfono. La contestación a sus preguntas llegó firmada Tim, nombre de uno de los perros del genial actor.

Burla

Entre sus respuestas, Brando repite, casi como una burla, lo que comentó antes en un programa de televisión, que volvió a ver «Un tranvía llamado deseo» y pensó: «¡Dios mío, qué buen mozo era por esos tiempos!... pero ahora soy mejor persona, más simpático y más agradable». Pero la autora no se queda con esas respuestas, también recuerda que ha dicho, desilusionado de su grandeza: «Me siento un fraude.Ya tuve todo: sexo, alcohol, trabajo. Y nada de eso me significa nada».

Patricia Bosworth pudo ver actuar a Brando, a distancia, cuando se filmaba en Montreal la película «Cuenta final» («The Score»), de próximo estreno en la Argentina, dirigida por Frank Oz, y que tiene como protagonistas a Robert de Niro y Edward Norton. Brando cobró alrededor de 3 millones de dólares por diez días de trabajo, pero terminó apareciendo apenas algunos minutos al final del film.

«Brando saltó a la fama en Broadway en 1948, y después en el cine con su personaje de Stanley Kowalsky, en 'Un tranvía llamado deseo'. A partir de allí construyó una serie de inolvidables retratos cinematográficos, como 'Viva Zapata', 'El salvaje', 'Julio César' y 'Nido de ratas' (con la que ganó su primer Oscar). El antiguo alumno del Actor's Studio se convirtió en el actor de mayor influencia y el más imitado de su generación. Pero luego de los 50 años quedó medio perdido, y se recuperó recién con 'El padrino' (que le hizo ganar su segundo Oscar)», comenta Bosworth.

Cuando la autora estuvo a punto de enfrentar a
Brando durante la filmación, el editor del libro que estaba junto a ella la tomó del brazo y le susurró con terror: «¡Por favor, no hable con él, si no después va a ser un infierno pagarle!».

Revelaciones

La biógrafa consigue condimentar su libro con revelaciones. Explica que «el actor tuvo tantos hijos que ni él mismo sabe el número exacto». Ella sostiene que son catorce. Revela que la pasa jugando ajedrez en solitario o divertiéndose con Internet; que uno de los pocos amigos a quien le permite visitarlo es al actor Johnny Deep, con quien comparte comida china y viejos films; que salta de un refugio a otro, cuando va a los spa de adelgazamiento en la región agreste de Surrey, para escapar de la gula que lo lleva a ponerle cadenas a su heladera para no devorar helados y quesos.

La escritora interpreta que
«la locura que supone su arte de la interpretación proviene del intenso amor a su madre, que era una alcohólica, y el odio a su padre, un vendedor mujeriego que fracasó de forma desastrosa en sus negocios, 'y al que en los últimos tiempos Brando parece querer imitar'». Explicación ingenua, si no torpe, de considerar una «locura» la capacidad excepcional que a Brando, con humildad de zorro viejo, lo lleva a comentar: «No entiendo por qué me siguen, si actuar es fácil y yo lo único que hago es trabajar en eso».

Cuestionamientos, críticas y polémicas no le van a faltar a la señora
Bosworth ni a su biografía. Todo indica que se va a reiterar lo que le ocurrió, en 1978, con la que dedicó a Montgomery Clift. Allí declaraba que había habido una «tácita rivalidad» entre Monty y Bran-do. Alguna gente le creyó. Por lo menos hasta que apareció la autobiografía de Brando, «Las canciones que mi madre me enseñó», donde contradice palabra por palabra lo dicho por Bosworth, contando las relaciones de simpatía y amistad que los unían, y declarando que «Monty tenía encanto y una poderosa intensidad emocional; era muy buen actor». Tal vez Brando tenga nuevamente la última palabra.

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