20 de abril 2005 - 00:00

Presidente alemán abrió un debate sobre clásicos

Al inaugurar el año Friedrich Schiller, las palabras del presidente de Alemania fueron las que hace mucho tiempo algún intelectual debió haberse atrevido a pronunciar. Hörst Koehler, al frente de las ceremonias de homenaje por los 200 años de la muerte del autor de «Los bandidos» y « Guillermo Tell», pidió más representaciones «fieles a su obra en lugar de tantas interpretaciones libres a menudo destinadas únicamente a polemizar sobre los clásicos».

Koehler
añadió que la etapa en que parecía obligatorio «desempolvar los clásicos para hacerlos atractivos» estaba superada, y que obstinarse en ella era síntoma de una «arrogante estrechez de miras». Y, sin temor a ser lapidado, agregó que sería saludable recuperar la práctica de «hacer aprender de memoria sus baladas en la escuela». Admirable.

Koehler
tradujo, de esa manera, el malestar por el destino que hace tiempo persigue a los clásicos: por un lado, la «modernización» que suele transformarlos en productos culturales en los que ya es imposible distinguir la esencia original, y por el otro la frecuente simplificación, o trivialización de sus significados, con el objetivo de «hacerlos más atractivos al gran público».

¿Cuántas veces se oyeron tonterías del estilo «Los clásicos no muerden»? Koehler no habló gratuitamente cuando se refirió a recuperar la práctica de las « memorizaciones». Una cultura que va dejando de lado la cultura del esfuerzo requiere « clásicos trivializados», cuando no su ausencia total. Desde luego, su pronunciamiento fue velozmente rebatido por distintas voces. Por ejemplo, el dramaturgo y director del Berliner Ensemble, Claus Peymann, donde se celebró uno de los actos de conmemoración a Schiller, dijo que «todo director tiene derecho a interpretar y hacer comprensible a Schiller para el espectador de hoy». Quien «tenga el valor» de poner hoy sobre los escenarios a Schiller o Shakespeare debe poder « permitírselo todo», aseveró el director.

El programa de actos del bicentenario se abrió hace unas semanas con una maratón de lectura en la Academia de las Artes de Berlín, que culminó de madrugada con algunas baladas de Schiller interpretadas por bandas de rock y música electrónica. Junto con Goethe, Schiller es el autor más representativo de la Alemania romántica.

Numerosas de sus obras teatrales se convirtieron, durante el siglo XIX, en óperas, sobre todo italianas. Verdi, por ejemplo, compuso cuatro óperas sobre obras suyas. «Giovanna d'arco», el clásico «Los bandidos» (que en italiano fue «I masnadieri»), «Kabale Und Liebe» (la ópera fue «Luisa Miller») y finalmente «Don Carlos».

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