2 de junio 2003 - 00:00

Príncipe con sentido del humor

El príncipe de Asturias que llegó a Buenos Aires para la asunción presidencial, encontró tiempo para ver los retratos de los reyes y también el suyo, realizados por los jóvenes artistas Lo-rena Ventimiglia y el grupo Mondongo. Un encargo del vicecanciller de España, Miguel Angel Cortés, quien durante su gira estival por los talleres porteños quedó seducido por el talento de los retratistas argentinos. El diplomático envió hace unos meses las fotos de los reyes y la del príncipe, y el embajador Manuel Alabart, que siguió de cerca la evolución de las obras, organizó un encuentro privado en la Embajada.

Los artistas, que no han cumplido aún los 30, cuentan que el príncipe les preguntaba tanto sobre la técnica empleada como sobre el estilo y el espíritu que anima los retratos. Ventimiglia le explicó que puso el énfasis en la faz humana de los personajes, que eligió el rosa pálido para la reina, porque es femenino, el marrón de los robles para el rey, como sinónimo de fortaleza, y azul para él, porque es «un príncipe azul», como le dijo sin inhibiciones. El here-dero al trono pidió tocar el bajorrelieve de los cuadros de apariencia cremosa: la marca en el orillo que identifica a la artista.

Más desprejuiciado aún, el grupo Mondongo, utiliza materiales no tradicionales como caramelos, carne, galletitas, perlas o brillantina para sus retratos pixelados, y para la familia real eligió cristales de colores (acaso una metáfora de los espejitos de colores). Los radiantes retratos fueron sin embargo celebrados enigmáticamente por el príncipe, que al ingresar a la sala, exclamó: «Nunca he visto nada igual». Cotejó la diversidad estilística de esas obras con el retrato de su bisabuelo que se encuentra en la Embajada.Y no ocultó la gracia que le causaba el nombre del grupo, Mondongo, pues según observó un diplomático en tono mesurado: tiene en España una connotación sexual que alude al miembro viril masculino. Intrigado, el príncipe preguntó cuál era el significado local.

• Malentendido

El encuentro sirvió además para aclarar un malentendido. Algunos medios, enterados del encargo español, aseveraron que la corona se reserva el derecho de destruir las obras de arte que no sean de su agrado. «Es una mentira, jamás destruirían una obra de arte», aseguró un miembro de la comitiva real. Para la despedida, el príncipe, que volverá a encontrarse con los cuadros en el palacio de la Zarzuela luego de que se exhiban en Buenos Aires, se despidió con una tentadora invitación: «Serán siempre bienvenidos, los espero en el palacio».

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