5 de mayo 2005 - 00:00
"Producir es igual de complejo que actuar"
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Pablo
Kompel, del
complejo La
Plaza: «Si
alguien se
clava con una
película no
deja de ir al
cine. Pero
con una mala
experiencia
en teatro,
puede ser
que no
regrese por
mucho
tiempo».
Periodista: ¿Por qué eligió esta comedia?
Pablo Kompel: Es una comedia ácida donde nadie es quien dice ser y eso la hace muy atractiva. Son cuatro candidatos a un puesto en una empresa multinacional que están dispuestos a hacer cualquier cosa para ser elegidos. Las pruebas que atraviesan son increíbles y eso genera una lucha de todos contra todos. Para mí es esencial, a la hora de elegir una obra, que sea cual fuere su contenido incluya algo de humor. Es algo que el público agradece. Otro rasgo apreciable es su absoluta universalidad. De hecho ya está vendida para hacerse en Nueva York, en Londres y en París. También está la adaptación cinematográfica de Marcelo Piñeyro y Mateo Gil, pero yo no tengo nada que ver con ese proyecto.
P.K.: No creo que la afecte. Si bien hay una intriga que conviene no develar, lo más interesante de la obra es ver cómo juegan los personajes. Además, la versión cinematográfica es muy libre e incluye a otros personajes y situaciones.
P.: ¿Por qué le ofreció la dirección a Daniel Veronese y no a un director del circuito comercial?
P.K.: Para serle franco, fue una sugerencia del Puma Goity.Yo ya conocía los trabajos de Veronese, pero no tenía trato personal con él y cuando me enteré que él tenía muchas ganas de dirigir comedia, vi que era una jugada muy atractiva para ambos.
P.: ¿Es un buen negocio la producción teatral?
P.K.: La única manera de que funcione económicamente es profesionalizando todas sus áreas, desde la selección y generación de materiales y la definición de equipos de trabajo hasta las estrategias comerciales. Muchos creen que el productor es el que pone el dinero y nada más, pero el campo de la producción es muy abierto y complejo. Cuando mis hijos eran chicos era un problema explicarles de qué me ocupaba, recién ahora lo entienden un poco más. Yo diría que hay más maneras de producir que de actuar.A mí me interesa todo, desde asumir el riesgo económico hasta diseñar los proyectos, plantear ideas a los autores para que las desarrollen y elegir con quién trabajar. No es sólo cuestión de programar, eso está más en el papel del empresario de paredes, dueño de sala, o como se le llame.
• Traspiés
P.: Salvo «Sylvia», aquella comedia en la que Soledad Silveyra hacía de perro, no se registran grandes traspiés en su programación...
P.K.: En realidad hubo otros fracasos, pero no los pienso mencionar. Encontrar una buena obra de teatro es algo esencial porque su convocatoria es muy diferente de la que genera una película. Si uno va al cine y ve una mala película no se cuestiona si va a volver a ver cine. A lo sumo dice: «Me clavé». Pero si alguien se clava con una obra, quizás no vuelva al teatro en muchísimo tiempo, si es que vuelve. Amén de que una entrada de teatro es bastante más onerosa que una entrada de cine, ir a ver una obra teatral es una experiencia que genera un intenso compromiso personal, por la posibilidad de disfrutarla en vivo y por la seriedad con la que uno elige el espectáculo que va a ver.
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