5 de mayo 2005 - 00:00

"Producir es igual de complejo que actuar"

PabloKompel, delcomplejo LaPlaza: «Sialguien seclava con unapelícula nodeja de ir alcine. Perocon una malaexperienciaen teatro,puede serque noregrese pormuchotiempo».
Pablo Kompel, del complejo La Plaza: «Si alguien se clava con una película no deja de ir al cine. Pero con una mala experiencia en teatro, puede ser que no regrese por mucho tiempo».
Pablo Kompel debutó en el show business a los 23 años, cuando su padre (el ingeniero que construyó el Paseo La Plaza) lo puso a dirigir el conglomerado de salas que ocupan dicho predio. Desde 1989 a la fecha, Kompel produjo más de dos mil recitales de música (rubro que dejó de lado en los últimos años) y varios largometrajes («El dedo en la llaga», «Territorio comanche», «Caballos salvajes»).

Al respecto, el productor apunta que «En la actualidad me estoy centrando en la industria cinematográfica española. No será Hollywood, pero duplica a la nuestra y ofrece condiciones de financiación mucho más sólidas y seguras». Su próxima coproducción con España será «Quiéreme», protagonizada por Darío Grandinetti, que comenzará a filmarse entre agosto y septiembre.

El productor de «Monólogos de la vagina», «Ella en mi cabeza» y el musical «Los productores» («voy a hacer todo lo posible para llevarlo a Mar del Plata») está entusiasmado con su último descubrimiento, «El método Grönholm», una comedia negra escrita por Jordi Galcerán de repercusión en España. La versión que se estrena hoy en la Sala Pablo Picasso del Paseo La Plaza estará protagonizada por Gabriel Goity, Jorge Díaz, Alejandra Flechner y Martín Seinfeld.

La puesta en escena quedó a cargo del dramaturgo independiente Daniel Veronese ( integrante del Periférico de objetos) que aquí hace su debut en el circuito comercial.

Periodista:
¿Por qué eligió esta comedia?

Pablo Kompel: Es una comedia ácida donde nadie es quien dice ser y eso la hace muy atractiva. Son cuatro candidatos a un puesto en una empresa multinacional que están dispuestos a hacer cualquier cosa para ser elegidos. Las pruebas que atraviesan son increíbles y eso genera una lucha de todos contra todos. Para mí es esencial, a la hora de elegir una obra, que sea cual fuere su contenido incluya algo de humor. Es algo que el público agradece. Otro rasgo apreciable es su absoluta universalidad. De hecho ya está vendida para hacerse en Nueva York, en Londres y en París. También está la adaptación cinematográfica de Marcelo Piñeyro y Mateo Gil, pero yo no tengo nada que ver con ese proyecto.


• Superposición

P.: ¿Qué va a pasar si la película se estrena con la obra ya en cartel?

P.K.: No creo que la afecte. Si bien hay una intriga que conviene no develar, lo más interesante de la obra es ver cómo juegan los personajes. Además, la versión cinematográfica es muy libre e incluye a otros personajes y situaciones.


P.:
¿Por qué le ofreció la dirección a Daniel Veronese y no a un director del circuito comercial?

P.K.: Para serle franco, fue una sugerencia del Puma Goity.Yo ya conocía los trabajos de Veronese, pero no tenía trato personal con él y cuando me enteré que él tenía muchas ganas de dirigir comedia, vi que era una jugada muy atractiva para ambos.

P.:
¿Es un buen negocio la producción teatral?

P.K.: La única manera de que funcione económicamente es profesionalizando todas sus áreas, desde la selección y generación de materiales y la definición de equipos de trabajo hasta las estrategias comerciales. Muchos creen que el productor es el que pone el dinero y nada más, pero el campo de la producción es muy abierto y complejo. Cuando mis hijos eran chicos era un problema explicarles de qué me ocupaba, recién ahora lo entienden un poco más. Yo diría que hay más maneras de producir que de actuar.A mí me interesa todo, desde asumir el riesgo económico hasta diseñar los proyectos, plantear ideas a los autores para que las desarrollen y elegir con quién trabajar. No es sólo cuestión de programar, eso está más en el papel del empresario de paredes, dueño de sala, o como se le llame.


• Traspiés

P.: Salvo «Sylvia», aquella comedia en la que Soledad Silveyra hacía de perro, no se registran grandes traspiés en su programación...

P.K.: En realidad hubo otros fracasos, pero no los pienso mencionar. Encontrar una buena obra de teatro es algo esencial porque su convocatoria es muy diferente de la que genera una película. Si uno va al cine y ve una mala película no se cuestiona si va a volver a ver cine. A lo sumo dice: «Me clavé». Pero si alguien se clava con una obra, quizás no vuelva al teatro en muchísimo tiempo, si es que vuelve. Amén de que una entrada de teatro es bastante más onerosa que una entrada de cine, ir a ver una obra teatral es una experiencia que genera un intenso compromiso personal, por la posibilidad de disfrutarla en vivo y por la seriedad con la que uno elige el espectáculo que va a ver.


Entrevista de Patricia Espinosa

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