Recupera una muestra un género hoy desvalorizado

Espectáculos

C asi 60 obras componen la muestra «Autorretratos y Retratos», pertenecientes a colecciones privadas, que se exhibe en el Pabellón de las Bellas Artes de la Universidad Católica Argentina, Campus Puerto Madero (Av. Alicia Moreau de Justo 1300). Es una selección de obras de artistas argentinos consagrados que, en algunos casos, han retratado a sus maestros, amigos y mecenas.

Lino Enea Spilimbergo es un tema fundamental en el corpus de la obra de Carlos Alonso (1926) que realizó más de 40 obras sobre su maestro y que expuso en 1967 en una recordada muestra titulada «Todo Lino». En el retrato expuesto no hay concesión alguna, ni para sí mismo ni para el retratado. Alonso lo rescata de una visión idealista para mostrarlo como aquel ser lacerado por las enfermedades, la bebida, imagen trágica del creador.

El «Retrato de Adolescente» (1945) de Antonio Berni (1905-1981) refleja el aire melancólico y distante de muchas de sus figuras femeninas y es extraordinario el tratamiento del cabello así como el contrastante azul del vestido. De Fray Guillermo Butler (1880-1961), se exhiben «La Tía» y «Autorretrato» (1918) pertenecientes a la época puntillista en la que fija su estilo tan espiritual e inconfundible. Víctor Cúnsolo (1898-1937) perteneció al núcleo de pintores de La Boca. Pero no la imagen febril, laboriosa de un Quinquela, sino una Boca de connotaciones metafísicas, con sus barcas estáticas y solitarios rincones del barrio. Su autorretrato «La Lectura» ensambla su figura bien delineada con fondo de un extraño rosado que aparece en sus paisajes.

Otro boquense extraordinario, Fortunato Lacámera (1887-1951), refleja en su obra de 1942 la ternura y bondad de su temperamento. Nunca viajó al exterior y sus severas naturalezas muertas o rincones del Riachuelo pintados desde su modesta habitación reflejan una calma dotada también de un aura metafísica. Eugenio Daneri 81887-1970), fue discípulo de Giudici, De la Cárcova y Sívori. Las obras fechadas en 1944 y 1950 son austeras y revelan su carácter solitario. Como casi toda su producción, éstas se caracterizan por el denso empaste y su afición por las gamas bajas.

La obra de
Miguel Diomede (1902-1974) que vivió en La Boca, es de carácter intimista. Riquísima en veladuras, sus naturalezas muertas, flores, llegan al máximo de la depuración y la transparencia lo que también se refleja en sendos autorretratos de 1940 y 1969. Hay famosos autorretratos de Fernando Fader (1882-1935), fechados en 1905/14/20/22/25. En la obra expuesta que no consigna la fecha, Fader luce como un dandy, en un interior, con el fragmento de algún cuadro como fondo, pincelada vigorosa, superpuesta, paleta densa de un artista que contribuyó al Arte de los Argentinos, así llamado por José León Pagano.

Rómulo Macció (1931) se presenta a sí mismo, minimizado, en una suerte de escenario inundado, cuadro dentro del cuadro, . «Perón y Rucci», una imagen que captó la fotografía periodística, en el pincel de Carlos Gorriarena (1925) se convierte en una caricatura trágica de la conocida imagen.

La muestra exhibe , entre otras, pinturas de
Aquiles Badi, Héctor Basaldúa, Horacio Butler, Leopoldo Presas, Lino E. Spilimbergo, Miguel C. Victorica, Domingo Candia, Adalberto Barboza. Un género casi desdeñado actualmente que permite escudriñar el rostro de los artistas y en muchos casos identificarlos en la prolongación de sus obras. Clausura el 2 de septiembre.

•Sonia Decker

Las flores tienen lenguaje propio que se expresa a través de colores atrevidos, formas extrañas y una sorprendente gama de perfumes. Sonia Decker pinta flores. Para ella «es como cuidarlas, también amarlas». Y como la pintura es subjetividad, estas palabras están volcadas en la obra. En su actual exposición, el blanco es protagonista casi excluyente y sus delicadas pinturas de jazmines, magnolias, dalias, lo ensalzan, luminoso. Pero las flores se abren a la luz, despliegan sus colores y luego se marchitan. Son las etapas de la vida, de la que se es testigo, de la que se recogen experiencias, cada una con su propia belleza y sabiduría. Este es el aprendizaje que resulta de observarlas, por eso el blanco está matizado por amarillos y verdes de las hojas, o el amarillento de los prunus o las cortaderas mecidas por el viento.

Decker
modula los recipientes y los fondos sutilmente, entonces, sus flores escapan a toda desmesura, aparecen naturalmente, serenas, silenciosas. Su pintura sólo requiere despojarse de las palabras que alaban la banalidad o a las que se acude para descifrar expresiones herméticas. Ya lo dijo Georgia O'Keefe: «Preferiría que la gente mirara mi pintura en lugar de leer sobre ella». Galería Arroyo (Arroyo 834). Clausura el 25 de agosto.

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