20 de noviembre 2000 - 00:00
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Periodista: ¿Usted quiere decir que había una actitud más bohemia que se ha perdido?
Juan Falú: Por supuesto. Cuando uno se junta con un poeta o con un compositor a guitarrear, a tomar vino, a compartir las cosas de la vida, el resultado va a ser indudablemente genuino. Ahora, pareciera que sólo importa lo que pasa por la televisión. Pero lo bueno de lo genuino es que en lugar de diluirse se hace más fuerte con el tiempo.
J.F.: Pero, además, por ese contacto con la gente común, eran artistas que tenían un fuerte compromiso con los problemas sociales. Y por eso hacían una canción de denuncia que no necesariamente tiene que ver con la protesta que vino después.
L.H.: De lo que nos dimos cuenta también, cuando nos pusimos a revisar las partituras originales, es que muchas canciones, inclusive algunas muy difundidas en los años '60, como la «Zamba del pañuelo», por ejemplo, tenían las melodías cambiadas, simplificadas. Así que tuvimos que hacer un trabajo de reaprendizaje. Pero también descubrimos una obra increíble que no se ha conocido; y hay muchos temas que no habían sido grabados antes.
J.F.: Eso que dice Liliana de las simplificaciones tenía que ver con la formación orejera que tenían en general los intérpretes del folklore. Eso ha cambiado ahora y afortunadamente hay muchos jóvenes con muy buena formación musical. De modo que cuando se acercan al folklore lo hacen con ese bagaje a cuestas. Es el caso de Fito Páez, el único invitado en el disco, que participó con el piano en «Me voy quedando». Yo no tengo nada que ver con el rock, pero es obvio que algunos de estos muchachos son grandes músicos independientemente del género que hagan; y por eso Fito ha hecho un aporte muy bueno. Por otra parte, al mismo tiempo, hay muchos artistas que son esclavos del éxito inmediato, de la cultura pasatista, del vértigo, del consumo rápido, que sólo le conviene al mercado.
Diferencias
P.: ¿Esta diferencia entre un folklore más pasatista y otro más elaborado no existía también durante el «boom» de los '60?
J.F.: Sí. Lo que pasa es que ahora se le da mucho más espacio al primero que al segundo. Igualmente, yo siento que la gente sigue valorando lo bueno; sólo es cuestión de que tenga un lugar donde escucharlo. Por eso, nos parece muy valioso este proyecto del BAM que ha editado el disco, pero que además, ha planificado toda una serie de presentaciones en las escuelas del país, para que nosotros les cantemos estas canciones a los chicos y les contemos quiénes eran el Cuchi y Castilla.
P.: ¿Pero el hecho de que haya que explicarles a los chicos algo que aparentemente es suyo, no demuestra que ciertas canciones han perdido vigencia?
J.F.: Sí, claro. Es una paradoja. Y eso mismo les digo a mis alumnos en el Conservatorio Manuel de Falla: «Yo les enseño en el aula lo que ustedes tendrían que haber aprendido en su casa».
L.H.: Creo que también ésa debe ser una de las funciones de los artistas, la pedagógica, la de restablecer los lazos con la memoria.



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