20 de noviembre 2000 - 00:00

Recuperan la obra de Leguizamón y Castilla

"El 'Cuchi' Leguizamón y Manuel Castilla eran como dos patriarcas. Pertenecían a la misma generación de Cabezas (de Los Chalchaleros), Eduardo Falú, Dávalos. Transmitían una gran seguridad que hasta tenía un cierto tono despectivo." Así define el compositor y guitarrista tucumano Juan Falú, a los dos autores salteños a los que él y la cantante entrerriana Liliana Herrero dedicaron el disco que acaban de grabar y editar y que presentarán en el Centro Cultural San Martín a partir del miércoles. «Pero el Cuchi -continúa Falú- también tenía un gran sentido del humor y hay una anécdota personal que lo describe de cuerpo entero. Una vez, le hicimos un homenaje en el ciclo 'Maestros del Alma'. Para entonces, él ya tenía grandes lagunas mentales y fluctuaba entre la lucidez y el delirio. Y entonces me contó que una vez le había hecho escuchar una chacarera suya a Shoenberg, pero que no le gustó 'un carajo'. Nunca sabré si lo dijo desde la lucidez o desde la locura, pero su espíritu estaba intacto.» Liliana Herrero concuerda con Falú en aquello de la seguridad y el tono despectivo, pero aclara, «también es verdad que tenían con qué. Seguramente tenían conciencia de que estaban fundando algo». «En los tiempos en que ellos escribían sus obras -redondea Falú- los medios las difundían. Y por eso el folklore, como sucedió con el tango, se ha fundado sobre pilares muy buenos. Ahora se ve una actitud mucho más especulativa, inclusive en muchos artistas.»

Periodista: ¿Usted quiere decir que había una actitud más bohemia que se ha perdido?

Juan Falú: Por supuesto. Cuando uno se junta con un poeta o con un compositor a guitarrear, a tomar vino, a compartir las cosas de la vida, el resultado va a ser indudablemente genuino. Ahora, pareciera que sólo importa lo que pasa por la televisión. Pero lo bueno de lo genuino es que en lugar de diluirse se hace más fuerte con el tiempo.

Liliana Herrero: Esto no quiere decir que no hayamos buscado para el disco una sonoridad correspondiente al mundo de hoy. Hemos apuntado a un trabajo sencillo, lleno de silencios, de sugerencias; como nos parece que son las melodías del Cuchi y las letras de Castilla.

J.F.: Pero, además, por ese contacto con la gente común, eran artistas que tenían un fuerte compromiso con los problemas sociales. Y por eso hacían una canción de denuncia que no necesariamente tiene que ver con la protesta que vino después.

L.H.: Las referencias a los problemas, a las injusticias, están inclusive en las canciones de amor.

Proyecto

P.: ¿Cómo surge la idea de este disco?

J.F.: Fue idea de Liliana. Primero lo pensamos como un álbum con temas de Leguizamón. Después, en el trabajo y la selección de canciones, decidimos que nos quedaríamos con el repertorio compartido con Castilla. Lo que ocurre es que una parte considerable de la obra del Cuchi la hizo con Castilla. Pero además, esa obra conjunta simboliza esa cosa muy misteriosa que se da en la canción que no es la simple sumatoria de partes. Y con estos dos artistas esa suma se ha dado de manera maravillosa.

L.H.: De lo que nos dimos cuenta también, cuando nos pusimos a revisar las partituras originales, es que muchas canciones, inclusive algunas muy difundidas en los años '60, como la «Zamba del pañuelo», por ejemplo, tenían las melodías cambiadas, simplificadas. Así que tuvimos que hacer un trabajo de reaprendizaje. Pero también descubrimos una obra increíble que no se ha conocido; y hay muchos temas que no habían sido grabados antes.

J.F.: Eso que dice Liliana de las simplificaciones tenía que ver con la formación orejera que tenían en general los intérpretes del folklore. Eso ha cambiado ahora y afortunadamente hay muchos jóvenes con muy buena formación musical. De modo que cuando se acercan al folklore lo hacen con ese bagaje a cuestas. Es el caso de Fito Páez, el único invitado en el disco, que participó con el piano en «Me voy quedando». Yo no tengo nada que ver con el rock, pero es obvio que algunos de estos muchachos son grandes músicos independientemente del género que hagan; y por eso Fito ha hecho un aporte muy bueno. Por otra parte, al mismo tiempo, hay muchos artistas que son esclavos del éxito inmediato, de la cultura pasatista, del vértigo, del consumo rápido, que sólo le conviene al mercado.

Diferencias

P.: ¿Esta diferencia entre un folklore más pasatista y otro más elaborado no existía también durante el «boom» de los '60?

J.F.: Sí. Lo que pasa es que ahora se le da mucho más espacio al primero que al segundo. Igualmente, yo siento que la gente sigue valorando lo bueno; sólo es cuestión de que tenga un lugar donde escucharlo. Por eso, nos parece muy valioso este proyecto del BAM que ha editado el disco, pero que además, ha planificado toda una serie de presentaciones en las escuelas del país, para que nosotros les cantemos estas canciones a los chicos y les contemos quiénes eran el Cuchi y Castilla.

P.: ¿Pero el hecho de que haya que explicarles a los chicos algo que aparentemente es suyo, no demuestra que ciertas canciones han perdido vigencia?

J.F.: Sí, claro. Es una paradoja. Y eso mismo les digo a mis alumnos en el Conservatorio Manuel de Falla: «Yo les enseño en el aula lo que ustedes tendrían que haber aprendido en su casa».

L.H.: Creo que también ésa debe ser una de las funciones de los artistas, la pedagógica, la de restablecer los lazos con la memoria.

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