"RECURSOS HUMANOS"

Espectáculos

U n joven estudiante de administración de empresas logra una pasantía en la fábrica donde trabaja su padre, obrero próximo a jubilarse. El hecho los acerca, pero también puede enfrentarlos: cada uno está en un lugar distinto de la misma empresa y ve las cosas de distinto modo. Las discusiones por la reducción de la jornada laboral, las decisiones sobre reducción de personal y las reacciones ante los métodos de terceros los involucran de modo directo. Pero, por encima de esas cuestiones sociales, hay cosas más importantes: los sentimientos de orgullo o decepción que provoca un ser querido, la conciencia del paso del tiempo, la permanencia de los vínculos familiares.Con mucha honestidad, sin golpes bajos, sin sensiblería ni sentimentalismos, y atendiendo las razones de cada sector en pugna, el director Laurent Cantet expone al mismo tiempo una compleja situación social y un drama privado. Lo hace un poco al modo neorrealista: situaciones y escenarios reales, diálogos totalmente naturales y actores no profesionales.
Quien hace de viejo obrero es, efectivamente, un viejo obrero. El dueño de la fábrica es un pequeño empresario zonal. Lo mismo la vieja sindicalista, y todo el resto. Y cada uno está representando algo realmente muy cercano a sus propias vivencias. El único actor más o menos profesional es el protagonista, el joven
Jalil Lespert, que no estudia economía, pero resulta el intérprete exacto de la vitalidad y las incertidumbres que corresponden a su generación.
•igencia
Y ya que hablamos de neorrealismo: si, más de medio siglo después, «Ladrones de bicicletas» sigue vigente, no es sólo porque enfoca temas que aún son de actualidad (desocupación, gente capacitada para un trabajo que debe tomar otro, la ley del gallinero, la falta de solidaridad, el quiebre de las normas morales), sino también por otras dos razones: el peso que tienen las relaciones entre padre e hijo (el chico que mira el ejemplo de su padre, discute con él, o lo acompaña), y el modo en que se realizó la película.
No puede decirse que
«Recursos humanos» tenga ese mismo destino de consagración y vigencia. Pero es curioso advertir cómo, sin buscarlo deliberada-mente, es más; planteando asuntos y personajes claramente distintos a los italianos, Laurent Cantet encuentra el mismo camino que transitó Vittorio de Sica. Un camino hecho con honradez, con sensibilidad, y con el corazón en la mano, todo el tiempo.

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