Leonardo Favio renunció ayer a la presidencia del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires, un cargo honorario que, en realidad, nunca había terminado de aceptar del todo. En un escueto comunicado firmado por su apoderada, Celia Pozarnik, Favio dice que «diversos compromisos que lo alejarán de la ciudad durante los días en que se desarrollará el citado festival» le impedirán aceptar el cargo. La breve nota finaliza con un agradecimiento al secretario de Cultura de Buenos Aires, Jorge Telerman, por la distinción de que fue objeto en el nombramiento.
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El alejamiento de Favio del festival porteño representa un nuevo dolor de cabeza de los varios que se vienen sucediendo en torno a esta muestra, que se desarrollará en abril del año próximo.
El tempestuoso preludio empezó cuando se lo desplazó a Andrés Di Tella, director artístico de las dos primeras ediciones, lo que llevó a una interna feroz, con otras varias renuncias en el camino, y hasta una intervención pública de Darío Lopérfido en apoyo de Di Tella que no cayó bien en los despachos de la secretaría de cultura ciudadana. En su reemplazo se designó a Eduardo Antín. Favio fue convocado en esas circunstancias, más como «prenda de paz» que otra cosa. La prenda se acabó ayer.
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