12 de julio 2004 - 00:00

Revela una muestra al Berni menos conocido

Una de las obras que integran «El paisaje de Berni. ¿Sólo paisajes?», interesante recorrido por la obra de un artista que sigue asombrando a más de 20 años de su muerte.
Una de las obras que integran «El paisaje de Berni. ¿Sólo paisajes?», interesante recorrido por la obra de un artista que sigue asombrando a más de 20 años de su muerte.
En una semana colmada de inauguraciones de todas las tendencias, se destaca la muestra del gran maestro Antonio Berni que inauguró el Museo Metropolitano. Con el título de «El paisaje de Berni. ¿Sólo paisajes?», interrogante que implica un reduccionismo (más allá de que pueda referirse a la conocida posición política de un artista con sensibilidad social, que también está expresada en la muestra), porque en este caso las obras exhiben el dominio del artista de gran parte de la gesta vanguardista.

Por supuesto que no son «sólo paisajes», son apenas «motivos» que Berni pone a su entera disposición y utiliza según sea su voluntad para expresar ideas o sentimientos, como cualquier buen artista.

El interés de esta muestra consiste justamente en la multiplicidad de facetas que descubre: desde la máxima tensión existencial que se acerca al expresionismo, con la exaltación del color o las formas retorcidas de unos bosques encrespados, hasta la inquietante calma de unos bellos paisajes metafísicos o las juguetonas formas del Pop.

La obra más importante es un inmenso collage maximalista, un brutal «assemblage» de hierros oxidados, pero la amplitud del género paisaje, permite incluir unos dibujos de arquitectura que revelan formas constructivistas, y otros que, por el contrario, ostentan la pincelada abierta y el gestualismo libre del expresionismo abstracto.

También se reencuentra al Berni que todos conocen: el que conmovido por la realidad social de las villas miseria abandona el surrealismo (movimientodel cual fue un precursor en Argentina, y del que siempre se encuentran rastros en su pintura) para reflejar con todo realismo y con colores sordos y terrosos, el drama que impuso la crisis de los años treinta.

Además está el Berni que ante la exhuberancia del paisaje de Santiago del Estero, expresa su «amor popular por los azules, por los rosas, por los amarillos, por los violetas, que han pasado a los labios malvas de esos rostros de cobre», como describe su amigo el poeta Luis Aragón.

En suma, se trata de obras poco conocidas del artista que ha sido más estudiado y con mayor profundidad en nuestro país, pero que aún así y pasados más de 20 años de su muerte, continúa sorprendiéndonos. Lo cierto es que cualquier museo público o privado, podría estar orgulloso de exhibir este conjunto de trabajos gratos para el público en general e imprescindibles para los investigadores.

Pero, aunque no todos tienen en su calendario muestras tan interesantes como ésta, la propuesta surgió del Metropolitano, un espacio palaciego de la calle Castex que recién con esta exposición, muy bien presentada por profesionales como
Cecilia Rabossi y Gustavo Vázquez Ocampo, puede aspirar a convertirse en Museo.

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