5 de octubre 2000 - 00:00

"REVELACIONES"

S i alguna vez usted tuvo una auténtica curiosidad por ver cómo un film de suspenso plantea una enorme cantidad de enigmas y después se olvida de ellos sin resolverlos, no espere básica del género, decía acepta y disfruta un final sorpresivo, nunca un final idiota.
Y el final de «Revelaciones» no sólo no sorprende al espectador, sino que lo deja con la fastidiosa sensación de que se pasó dos horas atando cabos en la butaca y pegando algunos saltos por los muchos golpes bajos que tiene, con absoluta y total inutilidad. Y es una pena, porque desde su seductora introducción, y hasta las primeras veces en que las más: «Revelaciones» es su mejor elección.
Esta no es una película engañosa: es frustrante. Con seguridad, no ha de existir en el Hollywood de los últimos años un guión tan perezoso, tan desentendido de los deseos del espectador y que trampee tanto su propio juego como éste. Aunque se pretenda homenaje al cine de Hitchcock, el director de «Vértigo» habría sido el primero en descalificarlo: el espectador ley puertas se le abren solas a Michelle Pfeiffer, «Revelaciones» promete convertirse en un thriller de enigma y suspenso, si no original, al menos coherente. Vana esperanza.

 Evocaciones

Su punto de partida, la historia de un matrimonio de buena posición que se afinca en una aislada casa en Vermont en donde empiezan a ocurrir cosas sobrenaturales, recuerda de inmediato a «Luz de gas», con la diferencia de que la hermosa Pfeiffer no es Ingrid Bergman ni las cosas son exactamente iguales. Eso sí: Harrison Ford, como no podía ser de otra forma, derrota en inexpresividad a Charles Boyer.
Esto no quiere decir que «Revelaciones» sea una remake de aquel clásico de la paranoia que dirigió George Cukor (ojalá lo fuera): sólo lo evoca. Porque como si se tratara de un programa de «highlights» de cine de suspenso también se apropia de «La ventana indiscreta», «Vértigo» y «Psicosis», de Hitchcock; de «Las diabólicas», de Clouzot, y de «Atracción fatal», de Lyne, por mencionar sólo las más obvias. Y no se decide por ninguna.

 Locura

Las subtramas del libro, que contribuyen con el paulatino enloquecimiento de Michelle (más espléndida ahora que en los años de «Los fabulosos Baker Boys»), ponen en escena a un misterioso matrimonio vecino que a la noche se entrega a olimpíadas amatorias, a una amiga vidente cuya función jamás queda del todo clara, a un pasado más o menos ominoso con su brillante y ya fallecido suegro, y a la despedida y el alejamiento de la hija cuando inicia la universidad. Esto para no revelar el enigma central, cuya gravedad es tal que repercute no sólo en la psiquis de la protagonista sino en varios enseres domésticos como computadoras, espejos, puertas y bañeras.
«Revelaciones», como premio consuelo, tal vez pueda proporcionarle al público de fin de semana, en toda su última parte, las mismas emociones adolescentes de películas como «Scream» y «Sé lo que hiciste el último verano», con la diferencia de que aquí nadie se propuso hacer humor sino seguir la venerada tradición de los maestros del suspenso. De otro modo, no lo hubieran plagiado tan descaradamente a Bernard Hermann en la banda de sonido.

Dejá tu comentario

Te puede interesar