15 de julio 2003 - 00:00

Ricardo Blanco: retrato de un arquitecto "sillópata"

El arquitecto Ricardo Blanco presentará su libro «Sillopatía: siento una silla -101 sillas», resultado de más de tres décadas de labor en el ámbito del diseño. Blanco ha sido docente en las universidades de La Plata, Mendoza y Córdoba, es profesor y director de las carreras de Diseño Industrial y Diseño de Mobiliario en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires.

Fue definido como un «sillópata» por un poeta surrealista y amigo suyo, Juan Andralis «... siempre me gustó la síntesis que involucra esa palabra», ha dicho. De las doscientas cincuenta sillas que diseñó -algunas como ideas y prototipos, pero la mayoría realizadas-, Blanco seleccionó para su libro ciento una piezas. Los objetos de diseño configuran una vía de la experiencia estética contemporánea en el contexto de la expansión tecnológica actual. Son parte representativa del matrimonio de arte y tecnología. Los diseños no sólo están vinculados a las variables políticas y económicas sino también al imaginario del diseñador que es portador de ideas y formas.

De ahí la pluralidad de la situación actual, que se caracteriza por el cruce de retóricas. Entre los objetos más ligados al espacio humano, la silla desempeña un papel fundamental, tanto en el ámbito privado como en el público. Diseñadores, arquitectos y artistas han trabajado en torno a este objeto por el desafío que plantea en cuanto al uso cotidiano y su relación con la figura humana.

El paradigma del mueble asiento (butaca, taburete, silla apilable, sillón) es uno de los más ricos en formas y materiales posibles. De esta riqueza da cuenta el Museo Vitra de Diseño, de Alemania, de cuyo patrimonio expusimos en el Museo de Bellas Artes, una serie de miniaturas de los modelos clásicos en la historia de los asientos. La colección permitía un recorrido por las piezas más reconocidas, desde la Windsord Chair, diseñada a comienzos del siglo XVIII, pasando por la renovación que representó la posibilidad de curvar la madera, descubierta por los hermanos Thonet a fines del siglo XIX, hasta la Louis 20 de Philippe Starck, expuesta en el Centro Pompidou hasta hace pocas semanas.

Aunque podría pensarse que funcionalmente se trata de un objeto resuelto, este ícono cultural sigue incitando la creatividad de los buenos diseñadores. Blanco habla de su «sillopatía» y parodia con sus ciento una sillas la suma de relatos que se suceden en las Mil y una noches. Con su juego lingüístico en siento una silla reconoce la dimensión estética del diseño. La dimensión del diseño, de lo útil como elemento significativo y no funcional, es decisiva para encontrar los lazos que permitan desarrollar teóricamente la conexión entre el diseño y la labor del teórico o el crítico, permanentes y buceadores de lo inefable.

Este intento tiene por fuerza implicar a lo artístico, a la problemática estética, como dominio de las formas y de lo individual, de la repetición no genérica, pues «sólo se repite lo único» (Gilles Deleuze). Esto no quiere decir que por el hecho de que los objetos del diseño se fabriquen en serie dejan de ser únicos. La reproducción lo es de lo sensible, de lo imaginario.

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