«Il Trovatore», ópera de G. Verdi. Con Darío Volonté,Verónica Villarroel, Genaro Sulvarán, Larissa Diadkova, Dimitri Kavrakos,Marina Biasotti, Fernando Chalabe, Aldo Maroni y Giannantonio Verlato. Régie:David Amitín. Esc. y Vest.: Jorge Sarudiansky y María Julia Bertotto. Dir.coro: Vittorio Sicuri. Orquesta Estable del Teatro Colón, director: GuidoGuida. (17/10, función de Gran Abono.) a tradicional ópera de Verdi volvióal Colón L despojada de toda relación con la tradición, y no solamentepor la desconcertante puesta en escena y geométrica escenografía, sino tambiénpor las extrañas líneas vocales de varios cantantes y la chatura de ladirección orquestal, todo esto agravado por un retraso de media hora parainiciar la función sin que nadie se molestara en dar una explicación alexigente público del Gran Abono.
La idea de trasladar esta ópera a un pasado cercanoes discutible e invita a la polémica; si todo cambio es aceptado cuando escoherente, ver soldados en uniformes nazis con lanzas es cuanto menoscontradictorio, y muchos detalles incoherentes terminaron fastidiando alpúblico, que se expresó en un sonoro abucheo. La misma expresión desaprobatoriarecibió el director Guido Guida, merecida por su versión desapasionada ysu batuta rutinaria.
Tampoco faltaron abucheos para el bajo Dimitri Kavrakos,que tiene buena voz, pero su canto es esquemático y su acentuación acartonada;un poco mejor, pero no a mucha distancia, el barítono Genaro Sulvarán.Correcta la soprano Marina Biasotti como Inés, pero se tropezó y cayótendida en el escenario al salir a saludar. Como en la versión de 1991 (cuando AprileMilo se enojó porque se vitoreó a la Azucena de Nina Terentieva),este personaje fue asumido por la rusa Larissa Diadkova, con suexcelente línea de canto, amplia tesitura que incluye conmovedoras notas bajas.
La Leonor de Verónica Villarroel es desparejay anárquica, con ideas personales sobre la afinación, varios quiebres en losagudos y problemas rítmicos (en la cabaletta), la misma manía de LeonaMitchel, que parecen estar cantando Stravinsky.
Salvó la función el encendido Manrico, en lasobresaliente personificación del tenor Darío Volonté, con voz caudalosay fervorosamente verdiana y clarísima dicción, hace su papel con verdaderaentrega y convicción; la sala se calentaba y la ópera recuperaba el interéscuando estaba él en el escenario. El dúo con la Diadkova en el últimoacto es antológico y, por supuesto, canta la «Pira» con su impresionante«Do de pecho».



Dejá tu comentario