25 de agosto 2003 - 00:00
"Saqué al artista de su elitismo"
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Oliva vuelve a decir, como hace una década, que «el arte del pasado es tierra de nadie», y sigue aconsejando a los artistas «il furto» con destreza, o robo con destreza, término que acuñó para estimular la «apropiación», porque considera que «toda la historia del arte es un territorio común, que se puede usar con libertad». Pero hoy pone freno al citacionismo desbocado y al «canibalismo», y a la vez revisa los beneficios y perjuicios que acarrea la globalización. El espíritu de los tiempos ha cambiado la propuesta de exaltar «el boom del mercado» o el «boom de los medios», y pare-ce haber superado en demasía los deseos de quien supo ser su principal promotor. Dialogamos con él:
Periodista: Algunos artistas recuerdan que cuando usted comenzó a visitar Buenos Aires y recién había fundado la transvanguardia, encontró notables similitudes entre las pinturas que se estaban haciendo en Italia y en Argentina.
Achille Bonito Oliva: Lo que pasa es que la transvan-guardia llega con la primera movida antiglobalización, que tiene su origen en la influencia norteamericana del minimalismo y el arte conceptual. Es un intento por recuperar la identidad, se trata de un movimiento liberador que influyó tanto en Argentina como en Brasil. Hay un grupo muy grande de artistas argentinos de la generación del '80 como Pierri, Cambre y Kuitca, que era muy joven y que incluí en mi segundo libro sobre sobre la transvanguardia. Aquí muchos trabajaban en paralelo con los artistas de Italia, compartían el eclecticismo, el nomadismo, la libertad, la contaminación y el citacionismo.
P.: ¿Que cambios advierte en esta ultima década?
A.B.O.: No he visto la producción argentina. Pero en general, y a nivel internacional, no ha habido grandes cambios en la pintura, siempre siguió la tendencia posmoderna. Pero sí hubo cambios con otras áreas, como la instalación y la arquitectura, que ostentan una apertura hacia la problemática social y urbana.
P.: ¿Que diferencias encuentra entre la función del critico y la del curador?
A.B.O.: El crítico es un «inventor total», y el curador es un funcionario que se ocupa exclusivamente del presente del arte, no tiene perspectiva histórica. Encuentro peligroso el papel tan glamoroso que se les está dando en estos tiempos a los curadores, muy sacado del modelo cultural norteamericano, a base de marketing y espectacularidad, sin un sentido profundo.
• Espectáculo
A.B.O.: El límite lo pone un arte-espectáculo para el consumo inmediato, el arte es emotivo, emocional, y no está ligado al conocimiento, es pura celebración del presente. Los artistas de la transvanguardia utilizan la memoria, como lo hizo Picasso y luego Duchamp.
P.: Hace más de una década, conversando con este diario, usted se refirió a los artistas y los críticos y dijo «nos hemos convertido en algo comparable a las estrellas de rock». ¿Todavía opina lo mismo?
A.O.B: Con la transvan-guardia se desató un fenómeno de especialización de la imagen del crítico y de los artistas; mucha televisión, muchas entrevistas. La diferencia con el rock es que el arte implica pensamiento, mien-tras que la música es más entretenimiento.
P.: De algún modo, a través de la mediatizacion y demo-cratización del arte, usted contribuyó al acercamiento del público masivo.
A.B.O.: Sí, ayudé a sacar a los artistas del sistema elitista y cerrado del arte. Me parece muy positivo haber contribuido a convertir a los artistas en figuras públicas, haberles brindado ese lugar social. Además el artista se ha liberado del dogma ideológico, aunque no es una liberación tribal, caníbal, como la que se puede ver en la actualidad. Hay un respeto del artista por el pasado y por el futuro. La transvanguardia es vital, no mata al padre.
P.: Desde los tiempos de la transvanguardia su propuesta marcó un hito en el mercado.
A.B.O.: Sí, se creó una nueva confianza en el coleccionismo, que también recuperó el valor económico del arte, porque los valores estaban muy bajos y me preocupé de idealizarlo.
P.: En esta encrucijada en que se encuentra el arte, ¿quién cree que lo legitima?
A.B.O.: Pienso que lo legitima el sistema del arte. El crítico, el público, el coleccionista, el museo, el galerista, todos en una solidaridad colectiva.
P.: ¿Pero qué pasa cuando en vez de solidaridad tenemos una batalla campal, cuando el sistema genera sus vicios?
A.B.O: Creo que tiene el vicio de ser autárquico. Pero a la vez creo que existe una globalizacion saludable del sistema, la circulación inter-nacional brinda un dinamismo muy positivo, yo no encuentro diferencias entre Buenos Aires, Nueva York o Roma.
P.: ¿Pero es bueno que todo comience a parecerse entre sí, como los McDonalds?
A.B.O: Muy Bueno. Pero hay que diferenciar el consumo del arte que tiene su tiempo especial, del consumismo, del canibalismo rápido.
P.: ¿Cómo ve estos años en retrospectiva? Se sabe que sus honorarios son muy altos. ¿Se ha hecho rico con la transvan-guardia?
A.B.O: La transvanguardia me ha dado sobre todo, una mirada larga y pluralista, estoy muy agradecido. Económicamente el sistema del arte ha logrado equilibrar económicamente a artistas, críticos y galeristas. Ahora, gracias a esto me puedo dar el lujo de presentar artistas gratuitamente, brindarle mi apoyo a ciertas obras o a ciertos artistas, como una decisión personal.


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