6 de mayo 2003 - 00:00

Saramago dijo que "toda la izquierda se alejó de Castro"

Saramago dijo que toda la izquierda se alejó de Castro
«No es que yo me haya alejado de Cuba sino que la dirección cubana se alejó de mí. En el pasado, toda la izquierda estaba con Fidel Castro pero ahora ya no está con él», dijo ayer al mediodía, en una reunión con periodistas, el portugués José Saramago, Nobel de Literatura 1998. « A los amigos la verdad no se le calla, y si la reciben mal, lo siento. Yo sigo manteniendo mi solidaridad con el pueblo cubano, pero ya no con sus dirigentes. No es que me considere el dueño de la verdad, pero creo que, ante situaciones así, mi deber es no callarme, y no me callo», agregó.

Saramago
, que se definió reiteradamente como « el último comunista», se adelantó al reticente García Márquez frente al último fusilamiento de disidentes ordenado por Fidel Castro, cuando dijo «Hasta aquí he llegado». Sin embargo, el autor de «Memorial del convento» evitó aportar a la polémica sobre la ambigua actitud de García Márquez respecto a las condenas y fusilamientos castristas de disidentes. Fusilamientos que, obviamente, son históricos en La Habana castrista, y que recién ahora están provocando el rechazo de los intelectuales de izquierda.

Cuando se le comentó que Mario Vargas Llosa había afirmado que en las recientes elecciones argentina habría votado por Ricardo López Murphy, respondió que « a López Murphy no lo conozco, pero no lo votaría. En todo caso, a Elisa Carrió. Pero, no sé, tendría que tener las ideas claras, encontrar códigos de desciframiento en medio de la niebla ideológica de este país. La Argentina tiene que entrar en una nueva etapa, y liberarse de los fantasmas de Evita y de Perón».

El escritor, que vive en Lanza-rote y está casado con Pilar, su traductora al español, de 53 años, se mostró melancólico ante el futuro, «tengo 80 años y espero tener cuatro años más de producción literaria», aunque más tarde, cuando se le recordó que Ernst Jünger había superado los cien años sin dejar de escribir, lanzó un sonriente «bueno, no me molestaría llegar a los 100 años, siempre que fuera sin problemas físicos y con la mente activa, sin el fantasma del Alzheimer».

Contraviniendo a su editores, que estaban interesados en que hablara de literatura y sobre todo de su nueva novela, Saramago volvió a deleitarse difundiendo su ideario político. El autor de «Ensayo sobre la ceguera» considera que «hoy todos los gobiernos hacen los mismo. Blair, Aznar, Berlusconi son lo mismo.Antes las ideologías eran la carne y el espíritu, la posibilidad de creer en algo, ahora ya no. Y no es que las ideologías hayan acabado como dicen, sino porque el consumismo es una ideología, y es donde se fabrica al ciudadano hoy». Y re-cordó que había leído una noticia donde una mujer había pedido que esparcieran sus cenizas en un shopping center, porque era «el lugar donde he sido más feliz».

Para Saramago «no hay ningún país que tenga democracia plena, porque la política es un instrumento de los poderes económicos, y la política debería ser otra cosa. El poder real no es el poder político, el poder real es el poder económico», y sostuvo que «las dos batallas que se deben librar son por la democracia y por los derechos humanos, que no se cumplen y esas batallas van a condicionar todo el futuro». A la vez, cuestionó a quienes sostienen el valor de las utopías declarando que «no me gustan las utopías ni las esperanzas, porque el día de mañana no es nada sin el de hoy, y la utopía es un no hacer».

Sostuvo que «otro mundo es posible, otro ser humano es posible, pero no estoy cayendo en la trampa de soñar con un 'hombre nuevo', esa ilusión del pasado».

Según
Saramago «las ideas del anarquismo, la desapari ción del Estado, las está consiguiendo el neoliberalismo». También puso distancia con los avances científicos, « hoy el Olimpo esta habitado por los dioses contemporáneos, los hombres de ciencia, lejanos y donde no les cuestionamos nada». Para el portugués «la duda es la octava maravilla del mundo».

No hay nada que extrañe tanto como la figura del «intelectual comprometido, que es una emanación de su sociedad, pero no un mesías que se dedica a difundir la buena nueva, es alguien que lleva al debate, a pensar, al espíritu crítico».

Su nueva novela,
«El hombre duplicado», que presentó en la Feria del Libro, donde a partir del mito del doble enfrenta el problema filosófico de «¿qué soy yo?», tuvo recientemente su primera edición conjunta en portugués y castellano, para luego comenzar a ser editada en Italia, Francia y Alemania. Su próximo novela se llamará «Ensayo sobre la lucidez», la considera la contracara de su conocido «Ensayo sobre la ceguera».

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