En el ambiente del arte, el recambio de funcionarios del área determinado por las elecciones no interesa tanto como los emprendimientos privados, que son los que determinan el crecimiento del sector. Si bien se percibe un clima de incertidumbre en cuanto al rumbo económico del mercado del arte, lo cierto es que se concretaron buenas ventas en lo que va del año y las agendas están cargadas de proyectos y programas ambiciosos. La actividad en estos días es incesante, se abren nuevos espacios con estéticas variadas, desde conservadoras hasta las mayores audacias, mientras las galerías inauguran la temporada con muestras de sumo interés.
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Delinfinito abrió un nuevo local en la Galería Alvear, y en las salas de la avenida Quintana Oscar Carballo presenta «Preciosa indiferencia». La exposición, multidisciplinaria y con marcado acento literario, muestra sin embargo un predominio de la fotografía, ya sean de tomas directas y sin ningún tipo de retoque o intervenidas digitalmente, según lo demande el relato.
La exhibición mantiene un tono enigmático del principio al fin, con una suerte de relato fragmentado que va desde la belleza de un cielo azul sobre el que se recorta la nítida imagen de un helicóptero, pasando por la imagen metafísica de una casa en la playa, hasta llegar al rigor de unas fotos de la ciudad de Caracas que muestran la polución y la aridez del cemento.
Es que se trata de una muestra donde se exaltan las sensaciones. El mejor ejemplo es «Cuando vuelvo a casa», la foto de un boulevard al atardecer intervenida con pintura digital.
• Carteles
El camino está repleto de carteles con frases o palabras sueltas (como «debería decir» o «temor») que no guardan relación coherente, pero de algún modo hilvanan una historia de tono afectivo y evocan la intimidad del diálogo que entabla consigo mismo un caminante, que ausente en la imagen está presente en la imaginación del espectador. Una situación similar se plantea en «Estanque», una pequeña y bella caja con nenúfares que sostienen palabras, como si los pensamientos de quien las pensó hubieran quedado adheridos a las hojas.
La exhibición se completa con la instalación de un panel minimalista que recrea el cuento de Hänsel y Gretel y la edición de un diario donde un situacionista Carballo se apropia del diseño de un matutino y lo recicla con textos de su autoría y avisos que publicitan su muestra. Finalmente, un viejo libro de arquitectura con una maqueta torcida, deformación del modelo original que intenta demostrar, según explica el artista, «que ninguna copia puede ser fiel al original», le infunde a esta muestra, de apariencia inocente, un sentido filosófico que abre rumbo a las dudas que imponen las nuevas tecnologías.
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