2 de agosto 2001 - 00:00

Se inauguró nueva muestra del admirable Fernando de Szyszlo

Fernando de Szyszlo.
Fernando de Szyszlo.
(02/08/2001) Fernando de Szyszlo (1925), uno de los grandes maestros del arte latinoamericano, está presente en Buenos Aires con motivo de su exposición en la galería Principium en colaboración con galería Del Paseo de Montevideo. No es la primera vez ya que lo hizo en la mítica galería Bonino (1961/'62), en el Museo de Arte Moderno (1968), en galería Carmen Waugh (1970), en galería Praxis (1984) e invitado por ArteBA a principios de los '90.

Su pintura inicial cubista estaba influenciada por Pettoruti y llega a Europa a los 25 años en pleno auge existencialista. Como era de rigor en ese entonces, se reunía en el parisino Café de Flore con otros latinoamericanos, entre ellos, Octavio Paz y Julio Cortázar. Conoció a André Breton, gran entusiasta de las tradiciones arcaicas y admirador de México, donde vivió y al que calificó como el país surrealista por antonomasia. De él aprendió «a escuchar la voz que viene de las profundidades de las sombras».

En Italia copia a Tiziano y a Tintoretto e intenta arrancar los secretos del claroscuro en Caravaggio. Asimiló las influencias cubistas, surrealistas, informalistas, que incorporó al desarrollo de una obra reconocible, que puede identificarse como se lo hace con un Matta o un Tamayo, y fue precisamente este gran artista mexicano el que lo ayudó a descubrir el camino de su expresión.

Pero De Szyszlo es peruano, lleva en su interior el paisaje, el colorido de los textiles, las formas de la cerámica ancestral, la carga de la tradición que se mezclará con su experiencia europea. Sus abstracciones son poéticas, misteriosas formas, a veces humanas; otras, altares que llevan al contemplador a enfrentarse con lo sacro, cuyo origen está en la raíz del arte precolombino. Sus interiores remiten a cámaras secretas de carácter teatral donde se realizan conjuros o rituales mientras que los espacios exteriores aluden al paisaje de su infancia, sierras a cuyos pies se extienden desiertos frente al mar.

Su paisaje que no es explícito debe descubrirse, como códices, entre lo intrincado de sus formas, algunas escultóricas, monolíticas, mezcladas con los contrastes colorísticos de rojos, púrpuras, azules, veladuras, claroscuros y el negro dominante, misterioso, como lo señala Mario Vargas Llosa al referirse a sus cuadros: «Algo ocurre en ellos, siempre.Algo que es más que la forma y el color. Un espectáculo difícil de describir aunque no de sentir».

Miembro de la Academia Peruana de la Lengua, profesor Honorario de la Universidad de Lima, condecorado con el Bernardo O'Higgins por el gobierno de Chile, ha participado en las Bienales de San Pablo y Venecia, expuesto en importantes museos como el Guggenheim de Nueva York, de Europa y Latinoamérica.

En un breve diálogo con este diario, este maestro del arte latinoamericano de renombre internacional se definió como un hombre de la resistencia en este mundo globalizado, ya que el arte sigue siendo para él un acto muy
privado y como poéticamente lo define «el homicidio de un sueño».

Se rebela contra el arte digitado por ciertos grupos hegemónicos, condenado al olvido casi de inmediato y cita el caso de la actual Bienal de Venecia en la que, contrariando sus postulados de escenario del mundo, el conjunto latinoamericano en su mayoría fue relegado a una suerte de gueto en la localidad de Treviso, en la periferia veneciana.

Confía en la pendularidad del hecho artístico, porque el hombre no puede vivir sin fronteras ya que tarde o temprano vuelve a bucear en sus raíces. En la muestra se exhiben dos esculturas y 18 acrílicos realizados entre 1998 y 2000; algunos retoman la serie iniciada en 1970
«Camino a Mendieta» y remiten a esa ruta sagrada, metáfora de su ser artista. Esmeralda 1357. Clausura el 25 de agosto.

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