«Shrek» (ídem, EE.UU., 2001, habl. en inglés. o dobl. al español, según las salas). Dir.: A. Adamson & V. Jenson. Guión: T. Elliot, T. Rossio, J. Stillman, R.D.H. Schulman; dibujos animados por computación.
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A partir de un lindo cuento de 32 páginas, que William Steig escribió y dibujó para chicos de 3 a 8 años, sobre la belleza que puede esconderse en una persona fea y ordinaria, el renegado de la Disney Jeffrey Katzenberg desarrolló esta sátira de 89 minutos, para chicos de 8 años en adelante, sobre lo antedicho, y contra varios dichos. Desgraciadamente, es difícil conseguir el cuento en castellano. Lo que ya está apareciendo en librerías es sólo una novelización de la película, escrita por otra persona. William Steig, de 93 años, fue ilustrador de «The NewYorker» desde 1930, y escribe para niños desde 1968, con mucho ingenio y repercusión (en 1990, por ejemplo, «Shrek» ganó los premios de Libro del Año del School Library Journal y del Publishers Weekly). Ama los cuentos de los hermanos Grimm, las películas de Charles Chaplin, la vieja historieta «Los sobrinos del capitán» («The Katzenjammer Kids»), la ópera «Hansel y Gretel», y, sobre todo, el «Pinocho», de Carlo Collodi. Jeffrey Katzenberg, de 50 años, fue un joven ejecutivo de la Disney, de donde salió dando un portazo, rumbo a DreamWorks, la empresa rival. En estos días, ama burlarse de sus ex empleadores. Por eso en «Shrek», y entre otras maldades, hizo que el príncipe malo, un enano maldito, falso y presumido, tuviera el rostro de su anterior jefe, Michael Eisner. Lo curioso, según parece, es que el petiso es él, y no el otro. Espejito, espejito...
En cuanto a la película propiamente dicha, es un buen trabajo de animación por computadora, que alterna humor chancho con humor negro (desde Norteamérica hasta Suecia, se recomienda «parental gui dance», pero aquí es apta para todo público), y se ríe de los viejos cuentos infantiles, aunque, de algún modo, sigue contando la misma historia. Sólo que, esta vez, el héroe es un ogro apestoso, la princesa no es la octava maravilla, etcétera. La moraleja es la misma del cuento original y también un estímulo para niños gorditos. El resultado, un entretenimiento sin caídas. Y el doblaje mexicano es muy gracioso.
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