15 de mayo 2003 - 00:00

Si no fuera por Steve Martin, sería peor

Escena del film
Escena del film
«Una intrusa en la familia» («Breaking down the house», EE.UU., 2003, habl. en inglés). Dir.: A. Shankman. Int.: S. Martin, Q. Latifah, J. Plowright, E. Levy, B. White, J. Smart.

C on su carrera en el limbo, se comprende que un comediante tan bueno como Steve Martin acepte ésta o cualquier película que le ofrezca un estudio major, probablemente menos por el cachet que por la promesa de algo realmente bueno más adelante. Lo que no se entiende es el interés de la superestrella del rap Quenn Latifah en arruinar el buen recuerdo que dejó su «Mama Morton» de «Chicago».

Parecería que como es afroamericana y no luce precisamente anoréxica, a ciertos ejecutivos hollywoodenses no se les ocurre otra cosa que darle papeles de cocinera, baby sitter, delincuente o, como mucho, prostituta de buen corazón. Mezclando un poco de todo esto, en Latifah es una misteriosa ex convicta que engaña a un abogado divorciado en un chat de temas legales en distintas escenas simula ser cocinera, mucama esclavizada, niñera, bailarina sexy, organizadora de partuzas con 200 raperos negros en una casa ajena -¡y en un barrio blanco!-, feminista vengativa torturadora de adolescentes, mentirosa en la que nadie puede confiar y, además supuesta pastora evangelista.

Al ver que no es rubia, ni blanca, ni sobria y elegante, el abogado no quiere saber nada con ella, hasta que ambos descubren -platónicamente- su enorme capacidad para intercambiar emotivas lecciones de vida...

Lo triste es que el guión no puede -en realidad, no lo intenta- explicar esta obsesión no correspondida de la rapera por su colega canoso que domina la mitad del film. Sin un actor tan brillante como Steve Martin, nadie soportaría este producto más de 20 minutos. Esforzándose hasta el masoquismo, Martin logra provocar una sonrisa cada tanto, potenciando hasta lo imposible los humillantes diálogos de un guión que parece diseñado como arma de destrucción de la carrera actoral de Queen Latifah.

La excelente banda de sonido (score de
Lalo Schifrin más un buen compilado de hip hop), una absurda actuación secundaria del cómico canadiense Eugene Levy (el padre comprensivo de «American Pie»), una delirante millonaria racista encarnada por Joan Plowright y, por sobre todo, la presencia de Steve Martin, apenas alcanzan para pronosticar con gran optimismo una amable modorra hogareña cuando esta comedia salga en video o DVD dentro de unos meses.

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