16 de agosto 2002 - 00:00
"Si ya hice de gay, ¿por que no hacer de viejo?"
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Las carcajadas en un terreno resbaladizo
Claudio García Satur
Periodista: Esta obra fue estrenada en los '90 con Pepe Novoa y Carlos Carella ¿Conoció esa versión?
Claudio García Satur: No, pero cuando Pepe me pidió que releyera la obra me enamoré de ella. Es muy interesante la antinomia que forman estos dos hombres, tan distintos entre sí, y que al mismo tiempo -muy a lo Gorostiza- son las dos caras de una misma moneda. La manera con que se narra esta amistad de años es de una profunda ternura, sobre todo por la gran solidaridad que existe entre los dos protagonistas.
P.: El tema de la vejez es central en esta pieza.
C.G.S.: Es cierto. La obra gira en torno al interés de Cristo -el personaje que interpreta Novoa-, por saber qué ocurre con la salud de Paco, pero a pesar de eso y de otros problemas que ellos dejan entrever, todo transita con ese humor tan típico de Gorostiza, en donde no hay chistes, sino situaciones que resultan cómicas porque son reconocibles y cotidianas. Los dos tienen la misma edad y son viudos, pero tienen distintas visiones de la vida. Uno es más sereno y estructurado y siempre estuvo muy apegado a su mujer. En cambio Paco, mi personaje, ha sido muy mujeriego -un «putañero» hablando en criollo- y siempre se mostró más vital y agresivo, no sólo cuando los dos jugaban al fútbol en su juventud, sino en todos los planos de su vida. A pesar de su edad, Paco sigue galanteando con las mujeres, incluso con la novia de su nieto, mientras que Cristo sólo colecciona estampillas y extraña a su mujer. Fuera de Buenos Aires, no conoce más que Tandil, por eso la idea de viaje que plantea Gorostiza tiene un aspecto metafórico que excede el hecho concreto de que ambos viajen a Europa. Aquí se trata de la vida misma, de ese viaje del que todos somos compañeros y de esa pequeña eternidad que implica compartir con alguien muy querido el instante que se vive.
C.G.S.: Para mí nunca fue un problema, siempre me la tomé un poco en broma. Cuando tenía 30 años me la pasaba diciendo: «Yo ya estoy viejo para eso». Y todos protestaban: «Uy, a éste ya le agarró el viejazo». Pero yo me divertía con eso y ahora que soy un hombre ya grande tampoco me afecta. El tema de la vejez cambió mucho y hoy un tipo de mi edad -al que en otra época lo hubieran tratado de «sexagenario»- es considerado un hombre todavía vital.
P.: ¿Y en televisión, se atrevería a mostrarse como un anciano, después de haber sido uno de los galanes más celebrados de la Argentina?
C.G.S.: ¿Por qué no? No me afectaría para nada. Si hasta hice de gay junto a Rodolfo Bebán en una tira que hacíamos con Thelma Biral. Mientras yo me divierta, en el sentido más lato de la palabra, soy capaz de hacer cualquier tipo de personaje. Quizás todo esto se deba a que nunca le di demasiada importancia al éxito o al fracaso. En mis años jóvenes -antes de «Rolando Rivas, taxista», por supuesto-si aparecía la posibilidad de hacer un protagónico que después no se daba, yo nunca me deprimía, pensaba: «Bueno, ya se dará otra oportunidad». Yo me siento muy libre y la ambición me parece algo demasiado duro. Prefiero hablar de aspiración que para mí es un sueño que camina y que, si se complica o no, ya es otra cosa, lo importante es transitar ese camino. Por eso, mientras me divierta, viva de mi profesión, comparta mi vida con mis hijas y tenga una mujer a quien besar ¡qué más quiero!
P.: Su último trabajo en televisión fue para el ciclo «Tiempo final» ¿No le gustaría recuperar más pantalla?
C.G.S.: De lo que se vio últimamente en televisión, me hubiera gustado trabajar en «Los simuladores» o en «Culpables». Pero, le aclaro, a mí nunca me interesó demasiado protagonizar tiras diarias. «Rolando...» iba sólo los martes, una hora y media. «Dos a quererse», «Mi hermano Javier», «Historia de un trepador» e incluso «Son de diez» también iban una vez por semana. La únicas tiras diarias que protagonicé fueron: «La vendedora de Lafayette», en el '88, donde Marta Reguera me permitió grabar sólo tres días por semana, porque yo no quería trabajar tanto, y más recientemente trabajé en «Los médicos», donde yo mismo le pedí a Enrique Estevanez que sólo fuera por tres meses. Nunca entré en esa fiebre y todavía sigo cuidando que me queden algunos días libres para mí. Amo más el tiempo que el dinero.




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