Un Luna Park
colmado
escuchó con
respeto las
nuevas
canciones de
Silvio Rodríguez,
pero las
ovaciones de pie
llegaron recién
cuando
interpretó sus
clásicos.
Presentación de «Cita con ángeles». Silvio Rodríguez (voz, guitarra). Con N. González Núñez (flauta, clarinete), R.A. López Gómez, M.E. Elizarde Ruano ( guitarras), C.E. Bacaró Lainé (contrabajo) y O. Valdés Rey (percusión). (Luna Park, 12 de abril; repite del 15 al 17 de abril.)
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El público de Silvio Rodríguez asume frente a él una suerte de compromiso militante. No es ya un gran vendedor de discos, al menos de los nuevos que siguen apareciendo. Muchos de los que pagan una buena suma por una platea para presenciar sus shows no coinciden con las ideas del trovador cubano ni comparten su lealtad al régimen de Fidel Castro. Pero está claro que, puesto en el concierto en vivo, el público porteño responde con una fidelidad que no tiene muchos parecidos por aquí (quizá Serrat o Sandro entren en esta misma categoría).
El cubano repitió una actuación que tuvo mucho de ceremonia; y la gente estuvo siempre de su lado. Incluso en el comienzo, cuando decidió presentar buena parte de su más reciente disco «Cita con ángeles» -que aunque tiene buenas canciones, no está entre lo mejor que ha escrito-, aplaudieron con entusiasmo sin conocer todavía en profundidad ese repertorio.
Así, junto a una versión del ya conocido «Casiopea», pasaron los más nuevos «Alabanzas», «Mi casa ha sido tomada por las flores», « Sinuhé», «Pedacito de papel al viento», etc. Ya promediando el concierto, brindó un homenaje a Compay Segundo y, luego de un tema instrumental, empezaron a aparecer los clásicos (varios de ellos interpretados con el único acompañamiento de su guitarra), que pusieron de pie a todo el Luna Park para preocupación de los encargados de la seguridad, que ahora se ven obligados a mantener a la gente sentada en sus lugares.
Fue entonces el momento de piezas inolvidables de la discografía de Rodríguez, como «Canto y arena», «Adónde van», «Playa Girón», «Te doy una canción», «El sol no da de beber», la muy antigua «Canción de la Trova», «Por eso canto», «Ojalá», «Cita con ángeles». Y, en una larga sesión de bises, se sumaron «El unicornio», «Canción del elegido», «Sueño con serpientes», «Pequeña serenata diurna», «Verónica del mar» (de su nuevo álbum) e «Historia de la silla».
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