15 de diciembre 2004 - 00:00
"Sin miedo la vida sería terriblemente aburrida"
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Para el escritor cubano Abilio Estévez, exiliado en Barcelona, «Un narrador debe escribir, humilde y pacientemente, sin pretender hacer carrera política con la literatura».
Periodista: Su libro está lleno de miedo y tristeza, asegura que sin ellos no se comprende La Habana ¿con o a pesar de Castro?
Abilio Estévez: ¿Cómo fue o cómo será La Habana sin Castro? No lo sé. En 1959 tenía 5 años, toda mi vida en La Habana ha sido «con Castro». Lo que imagino de La Habana anterior a él, está en los libros que quiero, los de Carrión, de Carlos Montenegro, en «Paradiso», en Virgilio Piñera, es pura literatura. Mi miedo y mi tristeza tienen circunstancias históricas muy concretas. Y no sé, no puedo saber, cómo hubiera sido de otro modo.
P.: Su Habana tiene poco que ver con la que describe Reynaldo Arenas en «Antes que anochezca», una ciudad de delatores dispuestos a sacrificar a cualquiera, mejor si era amigo, poeta y conocido, para ganar puntos ante el régimen...
A.E.: Las dos son verdad. La mía es la de mi infancia de niño mimado, la de Arenas está condicionada por sus circunstancias, llegó a la Habana sin familia, sin amigos, su visión es desalmada porque la ciudad lo fue con él.
P.: A pesar de la felicidad evocada en su libro, a menudo menciona «el placer del miedo». ¿A qué se refiere?
A.E.: Quizá tenga que ver con lo que decía Rilke: un artista es un hombre que está siempre bordeando un abismo. Ese miedo, ese riesgo, ese peligro nos obliga a crear. Sospecho que sin miedo la vida sería terriblemente aburrida. Hablo del miedo, de la sensación de sentirse amenazado, de lo que precede a la catástrofe, no la catástrofe misma.
P.: ¿Cómo ha vivido la liberación de Rivero?
A.E.: Con una gran alegría, es un gran poeta y un gran hombre. Seguramente es un gran poeta porque es un gran hombre. Lo conozco y he admirado su pasión por Cuba.
P.: ¿Qué pasa con esos otros poetas y escritores que siguen encarcelados por sus ideas o por homosexuales, y que ni son Raúl Rivero ni han tenido apoyo mediático alguno?
P.: Hay un exliado emblemático: Cabrera Infante...
A.E.: Es un escritor sin el que cierta Habana no podría entenderse. Pero hay más: «Tres tristes trigres», «La Habana para un infante difunto», «Así en la paz como en la guerra», no sólo ayudan a entender una ciudad, sino que instauran un mito, un misterio. Sólo él y otro escritor excepcional, Novás Calvo, lograron convertir el cubano hablado en hecho estético.
P.: ¿Por qué algunos intelectuales siguen defendiendo a Castro?
A.E.: Porque es muy difícil aceptar que se ha perdido el rumbo. La tolerancia es uno de los valores en los que creo y no voy a juzgar a quienes se aferran a sus viejos sueños. Cuando viví en Italia, hace 10 años, encontraba ancianitos que defendían la Italia de Mussolini. Inútil discutir con ellos Les hablabas de la muerte y respondían que los trenes llegaban a su hora.
P.: ¿Cuáles fueron, y siguen siendo, las peores consecuencias que caracterizan la vida de los cubanos de la isla?
A.E.: El acomodarnos siempre, soportar lo bueno y lo malo con la misma alegre desidia, como si la solución no estuviera en nuestra manos. Como si todo estuviera en manos de un dios. La actitud pueril de quien no ha llegado a la madurez. Esperar, sólo esperar.
P.: En «Inventario secreto de La Habana» recupera el universo de «Tuyo es el reino», paisajes y gentes de la infancia... ¿se reconoce en el niño que fue?
A.E.: Por más vueltas que le dé, como escritor, siempre estoy intentando recuperar aquel reino en el que «yo era mi propio dios, y me absolvía» (interpretación personal de los versos de un gran poeta cubano, Rolando Escardó). Sé que sonará a algo escuchado, pero ese niño está ahí, dándome vueltas, acosándome, agrediéndome, y no entiende bien en qué realidad se encuentra ese otro señor, en cuya historia parece que tomó parte, y que ya tiene 50 años y está un poco cansado y decepcionado de casi todo, salvo de esa cosa maravillosa que es la literatura.
P.: ¿Qué les diría a los jóvenes autores que esperan en la Isla la oportunidad de «dar el salto» a Europa o Estados Unidos?
A.E.: No olvidar nunca, se esté en La Habana o en París, que lo importante es escribir. La literatura es lo primero. Por encima de naciones, tendencias y políticas. Me gusta recordar la anécdota de Rilke persiguiendo a Tolstoi por toda Rusia para que le dijera una frase reveladora. Tolstoi, que estaba harto, le espetó: «¿Usted quiere escribir? Pues escriba y no alborote por eso.» Ése es el tema. Escribir, humilde y pacientemente. Sin querer hacer carrera política con la literatura, sin querer cambiar el mundo, sin esperar recompensas.


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