Aunque había algunos matrimonios con hijos, y hasta familias enteras, los jóvenes fueron quienes predominaron en Boca. Ellos se descontrolaron al ritmo de la música que fue furor en los '70, se pelearon por tocarle las manos a Nito Mestre o se disputaron la remera de Charly García, agolpados alrededor de un escenario en forma de T. También ellos vibraron con temas que habrán escuchado por primera vez por radio o conocido a través de fogones de campamento, cuando sólo les quedaba la posibilidad de seguir al grupo desde las reediciones de discos o compact discs.
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En diálogo con este diario, Charly García dijo: «Nos volvimos a juntar porque el nuevo disco se llama 'Sinfonía para adolescentes' y queremos presentarlo justamente para ellos, que nunca pudieron vernos tocar». Acostumbrados a las zapadas eternas de Charly, a sus «cuelgues» con frases musicales que interpreta una y otra vez, y a que un tema nunca sea el mismo y hasta pueda resultar irreconocible por su reformulación, sorprendió un García sumamente medido, controlado y con pocas salidas inesperadas. ¿Habrá decepcionado a alguno con su conducta prolija? Tal vez.
Lo cierto es que Sui Generis, más que desilusionar, ofreció un buen show para el joven que lo escuchó en vivo por primera vez. Hubo algunos detalles curiosos, como una suerte de micro que aguardaba el momento de «viajar» hacia el escenario. El momento más apropiado parecía ser el tema «Bienvenidos al tren» pero, curiosamente, el ómnibus (aunque nunca quedó muy claro qué era) apareció cinco temas después, destellando fuegos artificiales y hasta chocó con el escenario. «No sé bien por qué lo pusieron», dijo García. «De eso se encargó la producción y realmente no tengo claro en qué momento debía de moverse ni para qué. Es más, ni me enteré cuándo fue que se movió».
En sintonía con el tono de sus presentaciones, eternas para algunos, gloriosas para otros, el show duró casi cuatro horas. El público comenzó a desconcentrarse ante la primera despedida pero algunos volvían corriendo ante la reaparición del grupo para el bis. «Yo quería seguir tocando y encendíamos las luces del estadio para espiar cuánta gente quedaba. Los plomos me preguntaban qué hacer y yo les contestaba que dejaran todo apagado porque el show debía continuar.»
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