1 de septiembre 2003 - 00:00
Sombría mirada del teatro al mundo de los "débiles"
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Periodista: En las fotografías de Diane Arbus abundan los seres alienados, marginales y «freaks». ¿Qué le interesó de ese mundo?
Ana Alvarado: En nuestras giras con el Periférico compramos muchos libros de fotografía, cuando todavía se podía, y los de Diane Arbus son de una belleza perturbadora. Sobre todo el que le dedicó a un grupo de enfermos mentales, a los que fotografió jugando en los jardines con máscaras y disfraces. Arbus siempre anduvo detrás de «freaks» y de marginales, es como si ese mundo la hubiera ido seduciendo cada vez más.
P.: Terminó suicidándose.
A.A.: Así es. Me impresionó cuando ella cuenta, en uno de sus libros, cómo elegía a sus modelos en la calle. Dice que los seguía hasta lograr que le dieran bolilla y le permitieran fotografiarlos. Ella venía de la alta burguesía, pero no tenía prejuicios ni moral, una vez que elegía no le importaba el costo o el riesgo que eso tuviera.
Viendo sus imágenes, a veces me pregunto qué habrá sido capaz de hacer esta mujer para sacar esa foto. Los actores se inspiraron en sus imágenes para improvisar, pero evitando el típico cuadro de subnormalidad, como el síndrome de Down. La idea era correrse de la normalidad, para que el tema adquiriera un sentido más trascendente.
A.A.: La protagonista es una mujer policía que rescata a dos chicos retrasados que pierden a sus padres en un accidente automovilístico. Ella se encierra con los dos en una comisaría para crear un mundo nuevo. Aquí la deformidad está centrada en la debilidad mental, pero nuestro próximo trabajo va a ser sobre la vejez. Para el montaje de «Los débiles» conversamos con el filósofo Christian Ferrer y en esas charlas informales fuimos rescatando varias cosas que quedaron en la obra, como por ejemplo, el papel del que cuida a los supuestamente débiles, que tiene algo del samaritano de la moral cristiana y que ocupa un lugar de poder y de dependencia de esos débiles, ya que a través de ellos justifica su lugar de dador o protector.
También consultamos un dossier sobre debilidad que publicó la revista de psicoanálisis «Nombres», que nos guió hacia Nietszche y también hacia personajes de ficción como el de Stalker («La zona»), la película de Andrei Tarkovsky, y el «Bartleby» de Herman Melville.
P.: ¿Qué lugar ocupa la mujer policía?
A.A.: Ella tiene un proyecto mesiánico de salvación del mundo y cuando le llegan estos dos huérfanos subnormales, encara lo que ella llama «proyecto del silencio», que tiene que ver con la danza y la música, con reemplazar palabras por sonidos. A mí esos dos huérfanos me parecen tiernos.
P.: ¿No habrá que desconfiar de su criterio de ternura? En todos sus infantiles se ocupó de ridiculizar las funciones parentales y en uno de ellos convirtió a la madre de la protagonista en vaca.
A.A.: Bueno, acá el padre de la protagonista es un actor enano de 65 años. Fue una decisión muy fuerte y difícil de manejar, pero quería sumar este rasgo al concepto de debilidad de la obra. El no actúa de enano, pero su condición física aporta un elemento visual muy potente.
P.: ¿Es un actor de teatro?
A.A.: Viene del circo, trabajócon Marrone, Olmedo, Leonardo Favio. Tiene otro registro actoral, pero bueno ése era el riesgo. El me decía en los ensayos, porque tiene un humor a toda prueba: «
Anita, para ustedes los altos es muy difícil trabajar con enanos». Y yo le contesté: «Te agradezco muchísimo el comentario, porque es la primera vez en mi vida que alguien me dice alta».
Entrevista de Patricia Espinosa


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