4 de mayo 2000 - 00:00

"¿SOY LINDA?"

U na chica escapa de su amor. Un viejo llora el que perdió. Una mujer reencuentra el suyo (y él se acuerda de todos los detalles, menos de ella). Una escéptica medio ácida tiene un corazón de oro. Un hombre ya maduro se ilusiona con una chica aparentemente sin problemas. Una mujer irritada se endulza toda frente a un vestido de novia. Alguien abandonó a su madre hemipléjica, con una notita indicando cómo le gusta que la acaricien...
Esas son algunas, sólo algunas, de las historias que Doris Dorrie va enlazando en su película, a partir de una ruta española, de un embotellamiento alemán, del encuentro entre una chica muda y un gordito penitente, de una fiesta de casamiento, o una procesión en Sevilla, del recuerdo de alguien que llora junto a un mar inventado, en fin, historias variadas, historias agridulces, que la realizadora hilvana con unos intérpretes exactos (la aún hermosa Senta Berger entre ellos), con delicioso ingenio, con admirable habilidad.
Dicha habilidad le permite mostrar casi dos docenas de personajes, sin que el espectador se pierda en ningún caso. Y cada uno de esos personajes va a sorprenderlo, va a provocarle como mínimo una sonrisa. Pero no una sonrisa de simple pasatiempo.
Dorrie, una alemana grandota, vivaz, de pirinchos parados, que estuvo hace poco menos de un año entre nosotros, y a la que admiramos desde «Hombres» hasta «Nadie me quiere» (pasando por
«En medio del corazón», «En el vientre de la ballena», y otras menos conocidas pero igualmente agudas), acostumbra ir un poco más allá del simple pasatiempo.

 Alternancia

Por algo, en esta obra suya, más que en las anteriores, se alter-nan con tanta sabiduría las situaciones ridículas y las sublimes, el amor romántico y la mujer que acepta tener sexo con su marido sólo para bajar calorías, la pincelada humorística, el cuento dentro del cuento, el toquecito fantástico, la confesión autobiográfica (la de su propia viudez), igual que la vida.
Ella habla de criaturas que necesitan amor, que se inventan una máscara, que quisieran ser otra persona, o estar con otra persona, y tarde descubren lo que se han perdido, y crecen en el dolor. O lo descubren a tiempo, y eso nos alegra. Porque la de esta mujer es siempre una sonrisa piadosa. En el fondo, los hechos que muestra parecen banales, pero hablan desde el abismo de cualquier existencia. Sólo el humor y el amor pueden salvar ese abismo. Ella lo demuestra, y el público disfruta.

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