Salzburgo - El símbolo burgués de un cuarteto de cuerdas y el poderío militar de cuatro helicópteros de combate hicieron despegar el último proyecto de Karlheinz Stockhausen, más o menos como si el compositor germano pretendiera dar una vuelta de tuerca a la cabalgata wagneriana de «Apocalypse Now» en el Vietnam de Coppola.
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El caso es que los pilotos del ejército austríaco y los músicos del grupo Stadler volaron durante 32 minutos para estrenar en el aire la partitura del «Helicopter Quartett» («Cuarteto para helicópteros») 12 años después de haberla escrito el maestro. Una vez a bordo, los músicos agitan el arco vehementemente sobre las cuerdas del instrumento y las aspas del aparato militar comienzan a girar vertiginosamente hasta producirse el trance iniciático del despegue.
Es entonces cuando el concierto sobrevuela el aeropuerto de Salzburgo y cuando un concienzudo técnico de sonido mezcla el zumbido de los helicópteros y el quejido de la cuerda para que los espectadores puedan escuchar el resultado a través de un gran dispositivo de megafonía. El espectáculo puede contemplarse en primer plano gracias al despliegue de cuatro pantallas de video gigantescas. Una de ellas se recrea en los planes generales del vuelo, mientras que las restantes proponen la imagen de los músicos mientras trabajan en el habitáculo del helicóptero.
Nadie como ellos siente el ruido del rotor en marcha, pero unos auriculares les permiten concentrarse delante del atril y escucharse entre sí mientras el piloto de la máquina en cuestión traza una hermosa acrobacia celeste en perfecta sintonía con los demás colegas del Ejército austríaco. «En el choque entre el timbre de la cuerda y el zumbido de las aspas del rotor se muestra cuánto son vulnerables nuestros mundos pacíficos. Una voz amenazante y opositora está emergiendo en nuestra sofisticada y refinada cultura», decía el propio Karlheinz Stockhausen con la melena blanca al viento antes de cumplir 75 cumpleaños.
Algunos colegas, como Pierre Boulez, acudieron a la insólita celebración respetuosamente, pero muchos otros invitados del concierto benéfico --Red Bull ha recaudado 1,5 millones de euros a beneficio de distintas organizaciones humanitariasprefirieron escucharlo al aire libre con una copa de champán en la mano, probablemente inconscientes de que ellos mismos eran los destinatarios de la gran metáfora política que les ha escrito Stockhausen.
El gurú de la vanguardia musical europea, padre de tantas cosas, fue arropado entre el clamor del público y de los famosos cuando los helicópteros aterrizaron en la pista de Salzburgo y cuando los miembros del cuarteto Stadler, aparentemente exhaustos, acudieron a abrazarlo filialmente. El estreno de la obra resolvía una vieja quimera del compositor germano.
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