8 de junio 2000 - 00:00

"TE CON MUSSOLINI"

“é con Mussolini”plain es una película anacrónica. Treinta años atrás, con seguridad, esta autobiografía de los años infantiles de Franco Zeffirelli no habría tenido el destino de «culta marginalidad» que padece en las carteleras de casi todo el mundo, luego de estrenos poco entusiastas y casi de compromiso. Pero no parece difícil diagnosticar las razones de esta decadencia -que poco tiene que ver con el decadentismo estético de su maestro, el hoy olvidado Luchino Visconti.Paradójicamente, el arrollador auge de la cultura homoerótica en la que está viviendo el mundo eclipsó a la cultura gay más con-servadora, de la que «Té con Mussolini» es clarísimo ejemplo y vehículo de casi todos sus símbolos. En el film hay elegantes damas inglesas en la Florencia de los años '30, reunidas en cenáculos donde se practican sarcasmos agudos y refinados; hay vestuario puntilloso, divas fálicas, poesía de
Elizabeth Barrett Browning; está la sombra primero, luego la opresión, del movimiento de masas más sexualmente ambiguo del siglo XX, el fascismo; pero, sobre todo, está ese siempre aludido «amor que no puede decir su nombre», remilgo de museo en la sociedad mediática del «outing», los torsos sudados en las marchas del orgullo y los desbocados talk shows.
El culteranismo gay de Zeffirelli, en una época donde hasta cinematografías emergentes como las asiáticas y latinoamericanas se obsesionan con la homosexualidad cruda, ha quedado fatalmente depreciado; su cine es cada vez más fantasmal.
Por supuesto, a eso hay que añadir el hecho de que el discípulo nunca tuvo, ni en sus mejores años, el talento del maestro: en su persistente intento de continuar y copiar a
Visconti, Zeffirelli suele quedarse únicamente con los elementos más exteriores de la puesta. Sus películas, «Té con Mussolini» también, son gratificantes para la mirada, pero no emocionan.
El plus, ahora, se lo da la contundente
Cher, que evidentemente ha de haberlo deslumbrado: su papel, el de la excéntrica norteamericana que aterriza entre los «escorpiones», es uno de los puntales del film. Joan Plowright y Maggie Smith, desde luego, también están a sus anchas, servidas por tan devoto admirador.
El espectador que quiera confrontar lo contado en la película con la «Autobiografía» de
Zeffirelli, editada por Javier Vergara, deberá probar suerte en las librerías de viejo ya que está agotada desde hace varios años.

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