18 de mayo 2000 - 00:00

"TEATRO DE GUERRA"

C orre 1996 y un joven director italiano de teatro prepara una moderna versión de un clásico griego, para presentar como acto de solidaridad en Sarajevo, donde aún se sufren las consecuencias de la guerra. Surgen así, con toda naturalidad, algunos entretelones de una puesta escénica, y aportes a la reflexión sobre el papel del teatro y del artista.
La historia misma surge con naturalidad, a través de pequeños detalles que se van filtrando dentro de lo que podría ser el documental de cómo se monta una pieza artística. En verdad, hay una base documental, ya que el director de cine y teatro Mario Martone había hecho una versión libre de la tragedia de Esquilo «Los siete de Tebas». El registro de la misma sirve entonces como eje para la parte medianamente ficcional: la del joven director empeñado en llevar adelante su trabajo.Y esa ficción es, a un mismo tiempo, evidencia de problemas concretos y eco actualizado de lo que cuenta el viejo clásico.
Se exponen entonces, cada uno en breves trazos, los conflictos de una o dos actrices, la vida familiar de algún técnico, los problemas con los vecinos (la acción se sitúa en un poco recomendable Barrio Español de Nápoles), la aflicción por conseguir fondos, la inquietud por el amigo bosnio, perdido en el fragor de la guerra, y hasta un crimen inesperado, consecuencia de uno de esos asaltos callejeros de los que nadie está libre. Todo ello, y algo más, se integra adecuadamente, gracias a un modo de narración fragmentario, que nos permite ir descubriendo de a poco lo que ocurre en escena, y fuera de ella.
De ese modo, junto al texto sobre la muerte fratricida, surgen los planteos sobre el quehacer teatral, y los trasfondos morales, las disensiones, deserciones y negociaciones que hacen a toda puesta, los reacomodamientos, los empecinamientos de un director, y también el arribismo, el cinismo de ciertas figuras y, por supuesto, la vanagloria, el exitismo y la incomprensión de algunos teatristas convertidos en funcionarios. Hay dos vueltitas de tuerca señalables en este sentido. Y un trabajo a remarcar, con tanto material: el del montajista Iacopo Quadri, el mismo de «Cautivos del amor» y «Garage Olimpo». El contribuye a que se entienda todo, y que nada parezca simple teatro filmado.

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