Tensa y buena remake de gran policial francés

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En retrospectiva, el tenso policial «Ciudadano bajo vigilancia», de Claude Miller, puede recordarse entre lo mejor de los momentos finales del cine negro francés. Desde hace años, ese género clásico parece un tipo de cine perdido para siempre y, a veces, da la sensación de que nadie recuerda la existencia de obras maestras como « Ascensor para el cadalso» o « Bob le flambeur».

Sin embargo, hay gente en Hollywood que no olvida que toda buena película siempre puede reciclarse, algo que viene sucediendo desde hace tiempo con «Las diabólicas», « Nikita» y « A pleno sol», siempre con resultados inferiores (a veces terriblemente inferiores) a la obra original.

Por eso, a pesar de no ser el típico remake hollywoodense de un film francés, «Bajo sospecha» se ubica dentro de este fenómeno desde el momento en que este duelo actoral entre Gene Hackman y Morgan Freeman se limita a ofrecer algunas variaciones sobre aquel memorable (e indudablemente superior) juego del gato y el ratón de Lino Ventura y Michel Serrault.

La acción ahora transcurre en Puerto Rico, donde luego del asesinato de dos adolescentes el jefe de policía (Freeman) necesita interrogar a uno de los abogados más prestigiosos de la isla (Hackman), por haber sido quien encontró casualmente el cadáver de la segunda víctima.

El testigo es el principal orador de una cena de beneficencia y, como lo espera toda la alta sociedad local, la charla no debería durar más de unos minutos. Pero ni bien se enfrenta a su inquisidor, el abogado entiende que el asunto llevará mucho más tiempo.

Stephen Hopkins es un muy buen director de films de acción que por primera vez intenta un tipo de cine basado en el suspenso, las actuaciones y los climas. Más allá de que haría falta un director muy torpe para no conseguir trabajos sólidos de dos intérpretes tan talentosos, dúctiles y profesionales como los que protagonizan «Bajo sospecha», no se puede negar que el director supo aprovechar bien a ambos actores, cuya tensa interacción justifica por sí sola la visión de esta curio-sa remake.

También puede destacarse el imaginativo recurso de ubicar extrañas presencias imaginarias de los personajes mientras cuentan o hacen preguntas sobre hechos vinculados con los homicidios. Lo interesante del largo, enervante y paranoico interrogatorio que sufre
Hackman, es que a medida que va desmenuzando su patética vida privada, el caso policial se vuelve más tortuoso, crudo y terrorífico, y aunque el desenlace podría parecer obvio, un flashback con la aparición de un libro de Borges como regalo de Navidad avisa sobre algunos alcances metafísicos de la historia.

En el contexto del Hollywood actual, «Bajo sospecha» se vuelve un film atractivo y no muy frecuente, ya que es una película sutil, adulta, intensa y sin ninguna de las concesiones de los productos de fórmula que surgen en serie de los estudios. Pero, al mismo tiempo, es una re-make con muy pocas cosas que aportar con respecto a la película de
Miller. Por suerte para todos los involucrados en « Bajo sospecha», el film original ha circulado muy poco en los últimos 10 años, por lo que la comparación se vuelve difícil para quien no la haya podido ver 20 años atrás.

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