26 de septiembre 2005 - 00:00

"Tío Vania" dio muy digno broche al Festival Baires

Imagen del original «Tío Vania», que ofreció la compañía belga Het Toneelhuis,dando cierre al Festival Internacional de Buenos Aires, que este año convocó a100.000 personas, según sus organizadores.
Imagen del original «Tío Vania», que ofreció la compañía belga Het Toneelhuis, dando cierre al Festival Internacional de Buenos Aires, que este año convocó a 100.000 personas, según sus organizadores.
En medio de un clima mucho más distendido de lo esperado, finalizó ayer el V Festival Internacional de Buenos Aires, cuyos 48 espectáculos (12 Internacionales; 21 Nacionales; 4 Proyecto Cruce) convocaron a 100.000 personas, según cifras oficiales.

El sábado a la noche (la lluvia obligó a levantar la función del viernes), y luego de una semana de incertidumbre sus organizadores pudieron llevar a cabo, en el cementerio de la Recoleta, el cuarto y último programa del Proyecto Cruce titulado «Tertulia» que, como ya informó este diario, fue cuestionado judicialmente por los vecinos de la zona; pero más tarde la Cámara de Apelaciones porteña revocó la suspensión que pesaba sobre él.

Contra todo pronóstico, el show se desarrolló sin incidentes, y una gran cantidad de público se paseó por el Cementerio de la Recoleta entre grabaciones sonoras, imágenes gráficas y velos. Mientras tanto, un grupo de vecinos llevó adelante una discreta manifestación, junto a la puerta de entrada, munido de velas y portando un solo cartel en el que se leía: «El cementerio es un lugar sagrado».

El laberinto de imágenes y sonidos ideado por el músico Nicolás Varchausky y el artista plástico Eduardo Molinari unió en su recorrido cerca de cuarenta bóvedas donde descansan los restos de varios próceres, escritores, militares, políticos y personajes tan diversos como Eva Perón, Facundo Quiroga y Martín Karadagián. Frente a cada uno de ellos se percibían voces y melodías junto a pequeños backlights (cajas de luces) con fotos e imágenes diseñadas digitalmente cuyo contenido resultó, en general, bastante críptico. Plano en mano, cada espectador pudo circular a su antojo aunque con grandes limitaciones ya que la iluminación del lugar era tan escasa que hacía imposible decodificar la hoja de ruta o por lo menos entender a quién pertenecía cada tumba. Las linternas de los celulares sirvieron a muchos espectadores para no sentirse tan perdidos.

Al carecer de un marco artístico adecuado, esta novedosa experiencia de recorrer un cementerio en plena noche terminó defraudando a la mayoría, y además puso en evidencia que para conocer el patrimonio histórico-cultural de la Recoleta es mejor ir de día.

En lo estrictamente teatral, el Festival tuvo un muy digno broche con la presentación del grupo belga Het Toneelhuis que dio a conocer una vigorosa recreación de «Tío Vania», de Anton Chejov, plena de humor y buenos recursos actorales. La puesta tensó al máximo las emociones y exabruptos de seres agobiados por la frustración, los amores no correspondidos y el peso de la vida provinciana. El director Luk Perceval prescindió de la tradicional atmósfera chejoviana -decadente y nostálgica- deteniéndose particularmente en la construcción de cada uno de los personajes. Sentados en una hilera de sillas durante casi toda la función los intérpretes evocaron «la atmósfera de geriátrico» que pedía el director en abierto contrapunto con el colapso de emociones que de tanto en tanto estalla en la obra.

El espectáculo fue celebrado con risas (la versión delata las ridículas pretensiones de sus protagonistas) y un cálido aplauso final, luego de casi tres horas de función, lo cual no es poco mérito.

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