29 de febrero 2008 - 00:00
Torres García revisitado en un exhaustivo estudio
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Mario H. Gradowczyk reeditó, al punto de convertirlo en un libro nuevo, su ensayo de
1985 sobre Joaquín Torres García.
En el tercero, «La Utopía modernista», donde se habla de sus fracasos económicos, su emigración a Bilbao, su salud afectada por el clima, Torres se plantea la discusión entre Centro-Periferia, Norte-Sur, Clasicismo-Modernismo; descarta Barcelona, Madrid, París, sueña con Nueva York adonde llega en 1920. Se deslumbra y la considera «mi ciudad». Las pinturas de ese período corresponden a la vibración y optimismo que allí se respiraban, se siente partícipe de la vanguardia norteamericana pero otra vez su impaciencia y otra emigración: Italia, para construir sus juguetes. En este capítulo se demuestra su acercamiento al Cubismo al que considera clásico por lo que «hay que hacer algo humano, grande, arquitectónico, poético» (Carta a Barradas).
«Un Constructor con Maderas», capítulo significativo en cuanto a la vuelta que se produce respecto a la actividad manual, a la manera de los primitivos y que resultaba en una simbiosis entre artesanía y creación artística. De allí la importancia de sus juguetes que son el punto de partida para llegar a sus « constructivos».
Estamos en 1926 y en París. Pinta sus vistas urbanas, es excelente la descripción de «Barco metafísico» (1927) «un buque personaje, navegando con un destino incierto, una suerte de pintura autobiográfica, síntesis del conflicto vivido por el artista entre 1926 y 1927». A medida que el autor avanza en el análisis de la obra torresgarciana, el lector se encuentra con su simbología, con su carácter cósmico , el estudio de la simetría relacionado con la cábala y sus referencias herméticas, con las palabras clave de su arte concreto, metafísico y universal; palabras como forma, estructura, orden, armonía.
Finalmente y a pesar de muchos avatares, Torres García encontrará en Montevideo su lugar en el mundo: «ni en Buenos Aires ni en Montevideo uno puede imaginar que está en Europa. La luz ya lo indica». Gradowczyk cierra su análisis con esta síntesis: «Torres García se propuso una ambiciosa quimera, fáustica, poner en juego no sólo sus propias fuerzas sino aprehender las contenidas en el inconsciente colectivo de la humanidad....para que el observador medite sobre la condición humana, se eleve y disfrute con esa conjunción cósmica».
Obra erudita que permite introducirnos en el espíritu de un artista «errante» por su desasosegada búsqueda de verdades inconmovibles.


