2 de noviembre 2004 - 00:00

Tragedia según Diana Dowek

Diana Dowek expone «Una larga marcha por la tragedia argentina», con pinturas del período 1972-2004, en el Espacio de Arte de la Universidad de Lanús (29 de Septiembre 3901, Remedios de Escalada). De la serie «La larga marcha», era «Pausa», la obra con la que obtuvo uno de los Premios Accésit, el año pasado en los Premios Aerolíneas 2003. Los personajes remitían la parábola de nuestra época: la humillación de los débiles, los imperativos sociales y la violencia. Con una nueva imagen contundente, casi realista inicia una nueva representación que por supuesto coincide con los presupuestos ideológicos de toda su obra anterior.

Dowek
formó parte de la corriente surgida hacia mediados de la década del '70, presentada en 1979 con el nombre de Postfiguración, en el CAYC primero, luego en el Museo de Arte Moderno, y más tarde en el de Rosario. La postfiguración aborda al hombre y sus objetos como entidades inseparables. Se acerca a los neofigurativos con su sentido del sarcasmo y el dolor, y se vincula con los pop en función de su método descriptivo. Pero a diferencia del arte pop, el discurso postfigurativo acude a la descripción de la realidad como un medio, no como un fin.

La preocupación de Dowek ha sido siempre una incitación crítica. El espectador encuentra su interpretación personal y diversa, que puede o no coincidir con la de la artista. En consecuencia, está explicándose a sí misma: tal es el momento de vida que Dowek aspira a suscitar entre quienes contemplen sus obras. Su propuesta es vasta, convoca a las vidas colectivas, o sea, la sociedad entera, de donde cabe deducir que desea promover un testimonio que termine por disolverla como autora para englobarla o situarla en la pluralidad humana.

Dowek
sostiene, por ello, que no trata de contar cuentos ni de ilustrar una historia; de ahí, su búsqueda: «es decir más con lo mínimo de elementosque me son cotidianos». Su propósito es perfilar las contradicciones humanas: vida y muerte, plenitud y vacío, libertad y opresión, placer y dolor, apertura y encierro, acentuando el drama que importa la presencia inexorable de estos conflictos. Sus obras recuerdan esas contradicciones que de tan familiares, el hombre las suele perder de vista, ignorarlas. Presentan situaciones de choque mediante la selección de unos pocos personajes u objetos, uno solo a veces, que la artista modifica a través de mutaciones de luz, color o espacio.

Estas parábolas de nuestra época las ha expresado también en las series de los festines de cerdos, de los hombres en fuga por campos y paisajes descubiertos, de los cuerpos yacentes al borde del camino, reflejados en el espejo retrovisor de un vehículo; de las jaulas o cárceles deshabitadas; y de los alambrados.

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