Gächinger Kantorei, Bach Collegium Stuttgart, director:Helmuth Rilling. Solistas: Eva Oltivanyi, Birgit Remmert, James Taylor yChristian Gerhaher. Johann S. Bach: Misa en Si Menor BWV 232. (19/10, TeatroColón, organiza: Festivales Musicales.)
Cuando tratemos de recordar qué nos dejó estedecepcionante 2000, entre las pocas cosas muy buenas que la memoria registraráva a ocupar un lugar de preponderancia esta versión memorable de la Misa en SiMenor del colosal Johann Sebastian Bach. Fue uno de los pocos momentosde placidez que se vivió en el Colón últimamente, de hecho, al día siguiente selevantó la temporada lírica como resultado de las tensiones sufridas.
Fervor
No es la primera vez que este grupo viene a laArgentina, y esperamos que no sea la última. La Gächinger Kantorei, conmenos de 30 coreutas, es de una rara e inquietante perfección, hasta dan lasensación de cantar en una especie de trance místico, con una unción y unfervor pocas veces visto y oído. Sonoridad y dicción clarísimas, y llegado elcaso, de una escalofriante transparencia, como en el «Crucifixus».
La Bach Collegium Stuttgart es una orquestaperfecta para este repertorio, con un enfoque sencillo de la música delbarroco, pero con precisa afinación, «tempis», homogeneidad sonora que nocompite en presencia de las voces sino que se integran conformando un todoindisoluble. Con todo, sería injusto no mencionar algunos miembros que sedestacaron. Albert Michel Locher con arco ágil ornamentando desde sucontrabajo. El flautista Jean Claude-Gérard con su sonido penetrante yrespirable atmósfera pastoral; la oboísta Cecilia Margano, con susmatices y hermoso color. Magníficos en precisión, «fiato» y afinación los trestrompetistas, en especial Eckard Schmidt, puesto que también tocaestupendamente el «corno de caccia», que iluminó la voz un tanto apagada delbajo Christian Gerhaher. Excelente el tenor norteamericano JamesTaylor; ricos matices, expresividad y recursos legítimos para servir a Bachexhibieron la soprano Eva Oltivanyi y la contralto BirgitRemmert.
Esta misa es una de las obras cumbres de la humanidad, yquien se atreva a dirigirla debe subir -y con él hacer ascender a quienes losecundan-a esas alturas. Helmuth Rilling es, desde hace rato, uno de losgrandes de esta materia, lo que se confirmó una vez más por los óptimosresultados; tiene toda la obra en su cabeza y en su corazón, puesto que dirigiósin partitura.


Dejá tu comentario