Actuación de Lucho González (guitarra), Nicolás «Colacho» Brizuela (guitarra) y Juanjo Domínguez (guitarra). (Centro Cultural Torcuato Tasso; viernes y sábados).
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La guitarra está en el tango desde el comienzo, ya en aquellas pequeñas agrupaciones que musicalizaban los bailes en los cabarets suburbanos. Después, sola o en dúos, tríos o cuartetos, fue la compañera fundamental para los primeros cantores: Carlos Gardel, Ignacio Corsini, Rosita Quiroga, Mercedes Simone.
Con el advenimiento del cuarteto y luego del sexteto y de la orquesta típicos, perdió parte de su protagonismo, aunque se mantuvo fiel junto a algunos cantantes, y renació de la mano de los dúos con bandoneón, a partir de aquel muy recordado que integraban Aníbal Troilo y Roberto Grela, que ha tenido varios émulos en los últimos tiempos.
Mucho menos habitual, en cambio, ha sido reunir guitarras para el tango exclusivamente instrumental. Por lo que este trío que conforman Lucho González, Nicolás «Colacho» Brizuela y Juanjo Domínguez es una novedad de la que no sería extraño que resultara un disco en vivo. La idea en estos viernes y sábados del Centro Cultural Torcuato Tasso es tocar «a la parrilla», es decir, sin arreglos previos, sin mayores ensayos, como cuando los músicos calientan los dedos y se divierten antes o después de tocar en el escenario.
Profundos conocedores de la armonía, de las pautas tangueras, de la improvisación, de la técnica instrumental y de la actuación grupal, esa libertad de tocar sin pautas les da una enorme frescura. El repertorio, donde se mezclan también valses peruanos y venelozanos, zambas, chacareras y algunas milongas de Yupanqui, es simplemente una excusa. Y los títulos podrán ser «Por una cabeza», «Silbando», «A media luz» y «El choclo», u otros que seguramente irán surgiendo a lo largo de las presentaciones. González, Brizuela y Domínguez alternan en el papel central. Cada uno permanece fiel a su estilo personal: González es el «cable a tierra», Brizuela es un maestro de la armonía, y Domínguez sorprende con sus malabares y su catarata de notas. Pero lejos de ser tres solistas constituyen un conjunto sólido, y el encuentro resulta sorprendente.
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