13 de abril 2005 - 00:00

Una directora que disgustó a sus alumnos

Una imagen del notable documental «Tin Tin y yo», recientementevisto en Mar del Plata, que se proyecta hoyen el Bafici.
Una imagen del notable documental «Tin Tin y yo», recientemente visto en Mar del Plata, que se proyecta hoy en el Bafici.
• En el Bafici presentan hoy sus trabajos de un minuto cada uno los 66 estudiantes sudamericanos congregados en el Talent Campus que organizó la Fundación Universidad del Cine de Manuel Antín en combinación con el Talent Campus del Festival de Berlín. Es la primera vez que en el país se realiza uno de esos encuentros, y los estudiantes parecen animosos, aunque varios objetan la escasez de talleres propiamente dichos, y el exceso de charlas inoperantes.

• Por ejemplo, a los concurrentes les gustó hablar con Hugo Santiago, pero detestaron la arrogancia de Chantal Akerman, que hace lindas películas, pero en persona resultó una presumida. El viernes, día de la primera reunión, empezó tratando de «estúpida» la primera pregunta (le pedían que contara cómo empezó), y así también terminó la noche. «Sus preguntas me tienen cansada» concluyó diciendo, algo muy raro es una docente. Según ella misma dijo, apenas necesitó tres meses de estudios, vive en Paris porque es donde le dan mejores subvenciones, y lo suyo «es también jugar con el tiempo del otro». Curiosamente, rechaza hablar de «Un diván en Nueva York», la única de sus comedias que tuvo distribución comercial internacional y atendible éxito de público. Esto es, sigue la pose del artista exclusivo para minorías que caracterizó la programación del anterior Bafici.

• Con todo, Akerman dijo cosas interesantes, sobre la TV actual que exige documentales preguionados (como si uno supiera exactamente lo que va a registrar cuando salga a la calle), la diferencia entre tener «la suerte de trabajar con poca plata y unos pocos apuntes» y el fastidio de obedecer a un productor («Hollywood te hace rescribir 20.000 veces hasta aceptar que la tercera versión era la buena»), y la decepción de filmar con la coreógrafa Pina Bausch: «Comprendí que parte de su labor consistía en darnos el placer de cierto sadismo suyo». A considerar, su atención al Segundo Mandamiento («procuro hacer un cine que de ningún modo nos lleve a la idolatría»), y su teológica liberación de culpas: «la homosexualidad femenina está permitida en el judaísmo, porque no se pierde semen».

• Señalables, para hoy, un viejo western romántico canadiense, «The Grey Fox», una comedia senegalesa contra la ablación, «Mooladé», los cortos de Julia Solomonoff, un documental musical del finlandés Mika Kaurismaki, «Brasileirinho» (deberían repetirlo el 23, Día Nacional do Choro en homenaje a Pixinguinha), y el notable documental «Tin Tin y yo», recientemente visto en Mar del Plata. Además, las cintas orientales de superacción «Breaking News» y «Oldboy» («la del dentista», como dice uno que le gustan ciertas escenas asquerosas). Más allá de su eficacia: ¿qué tienen de independientes estos dos productos de empresas bien asentadas, y bien comerciales y convencionales?

• Pequeños disgustos iniciales: el precio del catálogo del festival aumentó el 50% respecto al del año pasado. Eso sí, es menos rimbombante que los anteriores, aunque también acusa algunos errores y falencias. La entrada sigue estando casi al doble que en Mar del Plata, aunque Buenos Aires cuenta con más fondos, y gasta muchísimo menos en traer invitados. Que, como siempre, la mayoría son directores y programadores de otros festivales que al público nada le interesan.

• En compensación, este año se pusieron varias funciones gratuitas. Por ejemplo, las de la sección «Mi Película Favorita», donde cada día un conocedor distinto presenta algo de su preferencia, sea en el Rojas o en la Alianza Francesa. Lástima que la programación no detalla persona ni título, así que el espectador debe correr el albur y rogar por su buena suerte.

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