8 de junio 2000 - 00:00

"UNA NOCHE CON SABRINA LOVE"

P arcialmente risueña, de fondo crítico, la exitosa novela de Pedro Mairal «Una noche con Sabrina Love» cuenta la experiencia de un chico provinciano que gana un concurso discando el 0-600 de un programa porno. Nada que ver con el itálico «La rifa», donde el premio era Sofía Loren, ni con la vieja radionovela «Pase un día con su artista favorito», que alguna vez Sergio Renán pensó llevar al cine. Lo de Mairal tiene que ver, más bien, con un viaje de iniciación, y la posibilidad de una comparación. O dos. Y, de paso, con inundaciones, rutas tomadas, cables robados, las mujeres según los hombres, las nuevas generaciones violentas, y otros tópicos del camino.
Parcialmente risueña, de fondo melancólico, la película de Alejandro Agresti que ahora se estrena cuenta la historia de ese mismo chico, pero de otro modo. Tiene algo que ver con la obra original, por supuesto, pero el viaje es más corto, la mujer del título toma otro carácter, más humano, cordial, e inteligente (se entiende, la encarna Cecilia Roth), las observaciones del camino se reducen, las posibilidades de comparación del muchacho se confunden, y en cambio se agrega toda una historia lateral sobre un hermano bisexual que ignora la muerte de sus padres, ocurrida hace como tres años, papel que Fabián Vena cumple debidamente. También cumplen, por suerte, los héroes televisivos Tomás Fonzi y Julieta Cardinali.

 Novedades

Entre otras novedades respecto del libro, aparecen una señora elegante, personaje inventado para Norma Ale andro, que lo hace bien; un poeta entrometido, a cargo de un habitué de las películas de Agresti, Mario Paolucci; una ráfaga algo extensa del grupo bailantero Ráfaga, y otra breve y anodina de Charly García (que a último momento reemplazó a Maradona), así como unas breves apariciones de Giancarlo Giannini, tratando de justificar su papel.
Los seguidores de Agresti podrán apreciar su registro cariñoso de los pueblos del interior, o de los viejos de un club de tango, y también mejor que el resto su debilidad por las explicaciones verbales, los diálogos ríspidos o las elipsis abruptas, las situaciones graves que quedan en el aire, y los descuelgues argumentales. Al respecto: es sabido que el artista suele abandonar los guiones en favor de las improvisaciones. Algunas le salen bien, otras no.
De ese modo una sucesión de buenas actuaciones, o de buenos destellos, van perdiendo ilación e interés. Se pasa el rato, pero el saldo termina siendo insatisfactorio.

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