18 de mayo 2000 - 00:00

"UNA PAREJA CASI PERFECTA"

La cantante Madonna muestra a su peque-ña hija, en las tomas iniciales, y sus primeras arrugas, así como unas residencias muy lindas, paquetamente decoradas, de Los Feliz, Silverlake, Pasadena y Milk-Wilshire, allá por Los Angeles. Eso es lo más interesante o entretenido que puede contarse de esta película.
En cuanto al argumento, sobre una mujer desquiciada que casi por milagro tiene un hijo con su amigo homosexual, ya había sido motivo de una comedia reidera, a comienzos de los '70, cuando el cine planteaba la cuestión homosexual a través de films cómicos como «El tercer sexo se divierte», o los dramas de John Schlesinger «Cowboy de medianoche» y «Dos amores en conflicto».
Casi treinta años más tarde, Schlesinger retoma el asunto, pero sólo por encargo. Y no se ve su mano para nada. Esta no es una película suya, sino de Madonna y el Lakeshore Entertainment (la empresa de «La novia fugitiva» y otras similares), con sponsoreo ostentoso de algunas firmas deportivas, inmobiliarias y discográficas (por supuesto, «American Pie» se escucha dos veces) y libreto de Tom Ropolewski, hombre que había tenido más chispa haciendo la continuación de «Mira quién habla».

 Insuficiencia

En «Una pareja casi perfecta» el guión no alcanza para comedia (el único chiste recordable es el viejo «¿Ocho martinis y quedaste embarazada?») y es poco convincente como drama. Para colmo, se empantana y se estira con una innecesaria instancia judicial, cuando en la vida de la madre y el niño aparece un banquero latino, morochito y bien dispuesto, que anula el código de convivencia establecido entre los personajes protagónicos.

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