5 de octubre 2004 - 00:00

Valdés-Cigala: lágrimas negras pero sin emoción

El Cigala, protagonista con Bebo Valdés de unas «Lágrimas negras» que fueron muy exitosas en el disco, pero que en Buenos Aires, y sin el pianista titular (vino su hijo, Chucho) no convencieron.
El Cigala, protagonista con Bebo Valdés de unas «Lágrimas negras» que fueron muy exitosas en el disco, pero que en Buenos Aires, y sin el pianista titular (vino su hijo, Chucho) no convencieron.
Presentación de «Lágrimas negras». Diego El Cigala (cante). Con Ch. Valdés (piano, dir. mus.), J.L. Quintana Fuertes (percusión), S. Suárez Escobar (caja flamenca) e Y. Heredia (contrabajo). (Luna Park, 1 y 2/10.)

El disco que compartieron en 2002 el pianista cubano Bebo Valdés y el cantaor madrileño Ramón Jiménez Salazar «Diego El Cigala» se convirtió en uno de los más grandes éxitos comerciales de los últimos años. Más allá del acierto de marketing de imponer la «marca» Bebo & Cigala y del buen manejo comercial del CD, eran indudables los valores contenidos en ese trabajo.

En unas pocas sesiones de grabación, los dos artistas, con muy pocos músicos agregados, reunieron nueve temas clásicos del bolero, el cuplé y el tango y lograron un clima, una química y una interrelación entre ambos que superó generaciones y orígenes musicales. Con buenas ventas en todo el mundo, incluida la Argentina, la llegada de El Cigala para la presentación del álbum generó expectativas importantes en nuestro país. Pero, en gran parte, quedaron defraudadas. Sin la posibilidad de hacer viajar a Bebo por lo avanzado de su edad, se optó por la más sencilla de las soluciones: la de elegir a su hijo, Chucho Valdés, también estupendo pianista de jazz latino, y fundador de Irakere, entre muchas otras cosas. Pero, aunque nadie puede dudar de las virtudes de este músico (al que hemos elogiado en sus varias visitas a nuestro país) ni de su trascendencia internacional, puesto en el escenario del Luna Park junto al español no alcanzó ni de cerca la comunión que El Cigala tuvo con Valdés padre.

Valdés hijo
dirigió un cuarteto cubano, con contrabajo y dos percusionistas, y respaldó con solvencia y desde su estilo el trabajo del cantaor. Los músicos mostraron todo el «tumbao» cubano y habría que destacar al maduro percusionista José Quintana Fuertes, «Changuito».

El Cigala
agregó algunos números a los contenidos en el disco: «Amar y vivir», una versión muy olvidable de «Alfonsina y el mar», «Obsesión» y un fragmento del «Concierto de Aranjuez». Pero todo el resto fue cumplir con el compromiso, y sólo por momentos, como en el dúo para «Vete de mí» o la versión de «Corazón loco», estuvieron a la altura de la grabación.

R.S.

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