18 de enero 2001 - 00:00
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Imagen de la muestra.
Su obra se caracterizó por las situaciones inesperadas en escenarios perturbadores, irracionales yuxtaposiciones de objetos, producto de una imaginación que escapaba a toda lógica. Cuando se instaló durante tres años, entre 1927 y 1930, cerca de París, conoció a Breton, Eluard y el grupo surrealista francés. Entabló amistad con Max Ernst, Joan Miró, Marcel Duchamp, Hans Arp y Salvador Dalí. En 1928, presentó obras en la Exposición Surrealista y colaboró en «La Revolución Surrealista», cuyo último número incluye su texto «Las palabras y las imágenes», auténtico manifiesto de su ideario pictórico.
* Sturgeon
Según el diccionario, el adjetivo heroico se aplica a las personas famosas por sus hazañas o virtudes y, por extensión, dícese también de las acciones. Es probable que Richard Sturgeon (1952) haya pensado en esta extensión para titular Pintura Heroica a su exposición en el Centro Cultural Recoleta. Seguir pintando, sin importarle si lo suyo está en lo «nuevo», así decretado, alabado y endiosado, como única manifestación contemporánea y sabiendo que su obra no está en el mercado hegemónico, puede considerarse una hazaña.
Sturgeon tiene fe en sí mismo, en ese apasionamiento que para él significa mezclar materia y colores, y su obra, que no muestra asiduamente, se va afianzando en el transcurso del tiempo. Se exhiben alrededor de veinte pinturas, elegidas por el artista, desde sus comienzos en un reducto bastante importante de los '80, el Parakultural, algunas de sus muestras en la galería Alberto Elía, el Museo de Arte Moderno (1995), el Centro Cultural Recoleta (1996) y las obras recientes.
En las obras tempranas aparece el gesto, arrollador, el expresionismo algo feroz de esos momentos en los que había que vomitar sentimientos de furia contenida. Irrumpieron después caligrafías orientales de gran volumen y densidad, embozando figuraciones delineadas sutilmente, paisajes urbanos que trastrocaban un orden establecido.
Las telas son inmensas, hoy otra hazaña, ya que como vemos en general, hay una medida impuesta que las vuelve convencionales. Entonces, Sturgeon vuelca en ellas «toda su desmesura», como lo señala Malena Babino en el prólogo. Pero desmesura en su obra no significa exceso por el exceso mismo. La materia tiene gran poder evocativo y emocional.
En cuanto a los colores, pareciera seguir la teoría de Kandinsky acerca de los verdes, en lo que al equilibrio entre los movimientos opuestos del amarillo y el azul, un color que en este artista pierde su condición de frío y que se puede constatar, por ejemplo, en «Inmersión», óleo y pasta sobre tela o en «Aguas difíciles», óleo sobre arpillera.
Hay algo evidente al recorrer la muestra: no se hacen especulaciones conceptuales, se invita al contemplador a olvidarse de sí mismo y a perderse en el universo de un espacio pictórico donde hay una intensidad visual que trasciende. Clausura el 28 de enero.




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