19 de enero 2001 - 00:00

Valiosa exposición de fotos que revela al Magritte íntimo

Imagen de la muestra.
Imagen de la muestra.
(18/01/2001) Se inaugura hoy en el Centro Cultural Borges «La fidelidad de las imágenes, René Magritte y la fotografía». Presentada por primera vez en 1976 en la Neue Galerie d'Aix-la-Chapelle, consta de 61 fotografías en blanco y negro realizadas por el mismo Magritte entre 1925 y 1955 y reflejan la vida personal del artista belga nacido en 1898 y fallecido en 1967. En ellas aparecen retratados sus familiares y amigos, entre ellos su esposa Georgette y los escritores Louis Scutenaire, Paul Nougé, Paul Colinet e Irene Hamoir, entre otros miembros del surrealismo belga.

Magritte se divertía, en su tiempo libre, fotografiando a estos personajes en situaciones inventadas, que él mismo creaba. Algunas de las fotografías surgen como fuente de inspiración para sus lienzos, por ejemplo. «L'amour» (1928), en la que se ve al artista pintando a su esposa Georgette, escena que se repite en el óleo «La tentative de l' impossible» (1928).

Aunque Magritte comenzó sus estudios de arte a los 13 años, recién pudo dedicarse a la pintura hacia 1926, gracias a la ayuda de un marchand belga. Experimentó con el impresionismo, expresionismo, futurismo y cubismo, pero definió su estilo pictórico cuando vio el cuadro «La canción de amor» (1914), de Giorgio de Chirico. La extraña yuxtaposición de un busto antiguo y un par de guantes de goma le mostró una pintura liberada de la reproducción mimética de lo real y de la trampa de la narración.

Pintó entonces su primer cuadro surrealista, «La ventana», y otro acontecimiento lo precipitaría definitivamente en esta corriente: la exhibición en una galería de Bruselas de los célebres collages de Max Ernst sobre el ciclo de la historia natural.

Su obra se caracterizó por las situaciones inesperadas en escenarios perturbadores, irracionales yuxtaposiciones de objetos, producto de una imaginación que escapaba a toda lógica. Cuando se instaló durante tres años, entre 1927 y 1930, cerca de París, conoció a Breton, Eluard y el grupo surrealista francés. Entabló amistad con Max Ernst, Joan Miró, Marcel Duchamp, Hans Arp y Salvador Dalí. En 1928, presentó obras en la Exposición Surrealista y colaboró en «La Revolución Surrealista», cuyo último número incluye su texto «Las palabras y las imágenes», auténtico manifiesto de su ideario pictórico.

Entre 1943 y 1946, adoptó la pincelada impresionista lo que le valió convertirse en una suerte de expatriado del surrealismo francés. En la década del '50, realizó pinturas murales y decorativas; en 1957, rodó algunos cortometrajes en los que actuaban su esposa y amigos. Hasta su muerte, Magritte participó en exposiciones en Bélgica, EE.UU. y otros países europeos.

La muestra está organizada por el Comisariado General para las Relaciones Internacionales de la Comunidad Francesa de Bélgica y auspiciada por la embajada de Bélgica en la Argentina. Hasta fines de marzo.

Según el diccionario, el adjetivo heroico se aplica a las personas famosas por sus hazañas o virtudes y, por extensión, dícese también de las acciones. Es probable que
Richard Sturgeon (1952) haya pensado en esta extensión para titular Pintura Heroica a su exposición en el Centro Cultural Recoleta. Seguir pintando, sin importarle si lo suyo está en lo «nuevo», así decretado, alabado y endiosado, como única manifestación contemporánea y sabiendo que su obra no está en el mercado hegemónico, puede considerarse una hazaña.

Sturgeon
tiene fe en sí mismo, en ese apasionamiento que para él significa mezclar materia y colores, y su obra, que no muestra asiduamente, se va afianzando en el transcurso del tiempo. Se exhiben alrededor de veinte pinturas, elegidas por el artista, desde sus comienzos en un reducto bastante importante de los '80, el Parakultural, algunas de sus muestras en la galería Alberto Elía, el Museo de Arte Moderno (1995), el Centro Cultural Recoleta (1996) y las obras recientes.

En las obras tempranas aparece el gesto, arrollador, el expresionismo algo feroz de esos momentos en los que había que vomitar sentimientos de furia contenida. Irrumpieron después caligrafías orientales de gran volumen y densidad, embozando figuraciones delineadas sutilmente, paisajes urbanos que trastrocaban un orden establecido.

Las telas son inmensas, hoy otra hazaña, ya que como vemos en general, hay una medida impuesta que las vuelve convencionales. Entonces,
Sturgeon vuelca en ellas «toda su desmesura», como lo señala Malena Babino en el prólogo. Pero desmesura en su obra no significa exceso por el exceso mismo. La materia tiene gran poder evocativo y emocional.

En cuanto a los colores, pareciera seguir la teoría de
Kandinsky acerca de los verdes, en lo que al equilibrio entre los movimientos opuestos del amarillo y el azul, un color que en este artista pierde su condición de frío y que se puede constatar, por ejemplo, en «Inmersión», óleo y pasta sobre tela o en «Aguas difíciles», óleo sobre arpillera.

Hay algo evidente al recorrer la muestra: no se hacen especulaciones conceptuales, se invita al contemplador a olvidarse de sí mismo y a perderse en el universo de un espacio pictórico donde hay una intensidad visual que trasciende. Clausura el 28 de enero.

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