30 de abril 2003 - 00:00

Valioso estudio sobre la violencia política

Vicente G Massot «Matar y morir. La violencia política en la Argentina (1806-1980)», Bs. As., Emecé, 2003, 253 págs.

U n estudio sistemático de la violencia política desde las Invasiones Inglesas, en 1806, hasta la acción subversiva y la represión militar, extendida a 1980. Massot, politólogo y analista, aborda el tema con minuciosa objetividad y honestidad intelectual. Deja de lado su posición personal para ahondar sobre causas y procesos que llevaron al derramamiento de sangre y brindar una equilibrada síntesis, desprovista de sectarismos como los tan comunes de los «humanitarismos tuertos» al decir del brillante pensador alemán Ernst Jünger, logro que no abunda en muchos intelectuales contemporáneos de éstas latitudes.

«¿Qué ha sucedido en la historia cuando fines que se asumían como justos por parte de una determinada bandería política resultaban inasequibles a través de la implementación de medios pacíficos?», se pregunta Massot. Allí aparece la violencia como actor principal de un escenario en donde el libreto y la argumentación abrevan de la política que usa la violencia como recurso necesario en ciertas situaciones. A ese interrogante, Massot busca dar respuesta en los 8 capítulos de su obra y que se ocupan del Terrorismo de Mayo y su prolongación revolucionaria; la muerte de Dorrego; la violencia de federales y unitarios; la Semana Trágica y la represión patagónica en tiempos de Irigoyen; la guerra civil encubierta de peronismo y antiperonismo para finalizar en la acción terrorista de las formaciones especiales y la represión de Estado a partir del gobierno de Isabel Perón, profundizada a partir de marzo de 1976 con la toma del poder por las Fuerzas Armadas. En el epílogo Massot resume el sentido que dieron en momentos de excepción al uso y abuso de la violencia política: «decididos a tomar o conservar el poder, a asaltarlo o defenderlo, Moreno y Liniers, Alzaga y Rivadavia, Lavalle y Rosas, Perón y Rojas, Videla y Santucho no se excusaron cuando sonó la hora de la violencia. Unos buscaron legitimarse con argumentos de Rousseau y de Molina; otros desplegaron en su descargo categorías de Marx y de Lenin. Los hubo seguidores de Sorel y Bakunin, de Maquiavelo y de Clausewitz. Pero todos, en mayor o menor medida según las circunstancias, creyeron necesario matar y morir por los sagrados intereses de la Patria».

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