7 de mayo 2003 - 00:00
Vázquez Montalbán reescribe un clásico del amor cortés
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Manuel Vázquez Montalbán
Periodista: Fidel Castro ha sido duramente criticado por la inmensa mayoría de los intelectuales, sólo la ambigua posición de Gabriel García Márquez ha movido a controversia...
Manuel Vázquez Montalbán: La posición de García Márquez siempre ha sido difícil. Su vínculo con la Revolución Cubana no creo que sea ideológico, es personal con Castro como amigo, y supongo que le causa un gran problema violentar esa relación. Pero García Márquez nunca ha escrito de modo que podamos decir es un marxista leninista, no va por ahí su escritura. Sería mucho más fácil entender esa ideología, o la contraria, en Vargas Llosa, que se corresponde más al diseño intelectual, que no García Márquez, que se corresponde más al diseño artístico. Pedirle peras al olmo es absurdo, y a García Márquez reñirle porque siga siendo amigo personal de Castro es una tontería. El castrismo, desde que estalló el caso Heberto Padilla, a comienzos de los '70, ha enseñado su mala cara. Lo que no puede suceder es que si se critica la pena de muerte en Estados Unidos, se la tenga que justificar en Cuba. O si en España la combatimos bajo Franco, nos la tengamos que tragar con Castro. No se puede justificar de ningún modo la persecución por «delitos de opinión». ¿A qué democracia se apuesta? Las condenas que han realizado son una barbaridad, Castro se comporta como un sátrapa.
P.: ¿Por qué se remite a un clásico de la literatura medieval?
M.V.M.: Es una vieja fijación. Cuando era estudiante de Literaturas Románicas, una de las materias era Bretaña, el ciclo del rey Arturo. Me fascinó la clase que dió el profesor Martí de Riquer sobre «Erec y Enide», primera novela del ciclo artúrico de Chretiene de Troyes. Una historia de amor en clave de lo que en la edad media se llamó amor cortés, pero que tenía enorme modernidad en los años de las películas de Antonioni sobre el problema del amor y la incomunicación.Aquella novela del siglo XII cuenta de una pareja de recién casados donde él abandona las armas por el amor. Cuando le llegan rumores de que la gente lo critica inventa un largo viaje donde irá siempre detrás de ella, salvándola de todos los problemas. A partir de esa historia en mi novela desarrollo tres tipos de búsqueda de amor y desamor: la narcisista del personaje central, un profesor eminente que ha triunfado social y culturalmente; la desesperada de su mujer que, a pesar de tener factores de integración totales, riqueza, se siente sola y busca compromisos con los que se le acercan y que la necesitan; y la de unos jóvenes que lo resuelven por la vía de la solidaridad, cuando superan en Centroamérica la actitud individualista y se prestan a trabajar en una ONG. Todos se van a encontrar el día de Navidad, día que en la épica medieval se llamó «la alegría de la corte». Y ese día es clave, cada cual va con su máscara a prestarse al juego ritual. Pero habrá un día siguiente: el profesor se seguirá enfrentando al espectro de la vejez y de la decadencia, la mujer a la muerte; y los jóvenes que tienen que elegir un modelo de vida, son los que están reviviendo a «Erec y Enide», los obstáculos que se le aparecen son los mismos que en la obra medieval, hay como una réplica, personaje por personaje, los asaltantes del camino, el rey enano, el médico libidinoso, pero traslados a Centroamérica.
M.V.M.: Me pareció provocadora la aventura del joven guerrero que dice a su mujer: tu vete adelante, que yo te iré salvando, y no siempre tiene éxito en eso. Traté de trasladarla en clave contemporánea, con la complejidad del tema del amor y del desamor. Eso me tentó como desafío. Primero tuve muy tramado el personaje central, el profesor. Lo más difícil fue construir la conferencia que dicta, debía recuperar 40 años de lejanía, cuando estudié la materia artúrica, y leer lo que está en el candelero, las nuevas tendencias interpretativas.
P.: Menciona, por ejemplo, al historiador George Duby o remite al estudio de Mario Vargas Llosa sobre «Tirant lo Blanc»...
M.V.M.: Tenía que hacer verosímil la conferencia, mostrar de qué hablan los profesores cuando se encuentran. Así como se decía antes que las mujeres hablaban de trapos, ellos hablan de erudiciones, los veo como curiosos animales encerrados con un sólo juguete. Esa conferencia la escribí y reescribí y la enseñé a especialista en materia artúrica. Hasta que no tuve una seguridad total de que se podía pronunciar en un simposio no me atreví a darla por buena, y está totalmente inventada. En la citas bibliográficas sólo invento dos o tres, eso me encanta hacerlo, porque luego me
doy cuenta de que nadie sabe tanto como promete.
P.: ¿Por qué revisar ahora un clásico del amor cortés?
M.V.M.: Me interesaba mucho el aspecto biológico, que es una de las cuestiones. En el profesor el amor se convierte en un problema de decadencia física, viaja con las viagras en el bolsillo para no hacer el ridículo en caso de encontrase con su amante de congresos. En la mujer el amor es una el recuerdo de un amor loco por un médico que la quería tratar como a una pelanduzca, especialmente porque era rica. Y en los chicos está el intento de evitar el conflicto en el plano de lo individual y trasladarlo en una huida hacia adelante, en la solidaridad. Eran variedades muy separadas y me importaba el desafío de hasta donde podían integrarse en una unidad novelística.
P.: ¿Va a haber una nueva novela de Pepe Carvalho?
M.V.M.: Acabo de terminar una tan larga de Carvalho que creo que el editor se suicidará. Es la vuelta al mundo de Carvalho con su ayudante, con una clave que está entre «La vuelta al mundo» de Julio Verne, el Quijote y Sancho Panza y una novela que me gusta mucho «Bouvard y Pécuchet» de Flaubert.



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