11 de mayo 2000 - 00:00

"VENGAR LA SANGRE"

Vengar la sangre”plain, de “teven Soderbergh, es un policial cerebral dirigido a los amantes de la serie negra, que son quienes más gozarán con sus claves y más disfrutarán de su secreto humor. Su personaje central, el pistolero inglés Wilson que interpreta Terence Stamp, tiene la misma carnadura real que un cuchillero de Borges: está más próximo a la metafísica del género que al calor de la pólvora. Como los cuchilleros, o los cowboys de los prime-ros westerns, tampoco este pistolero se lamenta de su destino (simplemente debe cumplirlo) ni siente compasión por su propia muerte.
Lo llaman el «limey», término despectivo del hampa norteamericana para referirse al pescador inglés, a quien burlan por su acento fuerte y seco, cargado de vocales abiertas. Valiéndose de él y de un único revólver, aunque de cargador aparentemente infinito, Wilson llega desde Inglaterra para vengar el presumible asesinato de su hija.
Allí, con la ayuda de un Virgilio bajo la forma de un ex convicto hispano, deberá abrirse paso en un medio hostil y peligroso, el submundo de la droga de Los Angeles, ramificado en las clases bajas y altas.
El presente de Wilson es literario (como en Hammett, como en Chandler, están el tema de la mujer joven alejada de la familia y perdida en el delito, y el del extraño que viene a cobrarse una muerte), y su pasado es cinema-tográfico: para su representación, Soderbergh emplea «clips» de «Pobre vaca» (1967) de Ken Loach, en los que se ve al juvenil Stamp con una mujer y una niña, que aquí hacen las veces de su esposa e hija. En aquel lejano film, además, Stamp también interpretaba a un ladrón llamado Wilson.
A través de un montaje muy estilizado, a veces un poco pedante (sonido e imagen divergentes en el transcurso de una misma escena), Soderbergh suma otra exploración a la del policial duro: la de los años '60 y su mística, encarnados en la figura de Peter Fonda, el dealer melancólico que parece más el gurú de una Arcadia alucinógena que un auténtico criminal.
Tanto es así que en una de las escenas de mayor tensión una joven admiradora lo sigue interrogando por aquellos años:
«Ni siquiera fue una década», suspira. «Unicamente fue 1966 y principios de 1967. Nunca más, desde entonces, hubo felicidad.» En definitiva, «Vengar la sangre» puede verse de muchas maneras: como un policial de género, como un «estudio» del género o, a la manera en que el viejo Hollywood titulaba algunas de sus humoradas «clase B», como el duelo de Dillinger contra «Easy Rider». Indudablemente, es un film original.

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